Durante la Expo Rural Rafaela, el economista y empresario Gustavo Lazzari analizó el escenario económico argentino, con especial énfasis en la transición que atraviesa el país, las dificultades que enfrentan las empresas y las perspectivas para la inversión, el empleo y el consumo.

Durante la entrevista, Lazzari planteó que la Argentina está atravesando un cambio de régimen, aunque advirtió que el proceso de transición puede resultar complejo y doloroso para distintos sectores de la economía.

“Hay que distinguir la transición del cambio de régimen”

Lazzari sostuvo que el escenario económico actual debe analizarse diferenciando los problemas coyunturales del rumbo de fondo.

“Cuando vinimos hace un año hablábamos de que esto podía empezar un cambio de régimen y ahora creo que ya está en marcha”, señaló. En ese sentido, explicó que desde mediados del año pasado comenzó a cobrar mayor relevancia el concepto de “transición”.

Para el economista, no se deben confundir las dificultades propias de esta etapa con el destino final del programa económico. “Una transición complicada aún puede ser compatible con un cambio de régimen, con una corriente de fondo más definida”, afirmó.

Como ejemplo mencionó la situación del crédito y la mora bancaria. Según explicó, es necesario determinar si la restricción crediticia constituye un problema estructural o si responde a un fenómeno transitorio que puede revertirse.

“Una cosa es un problema de corto plazo, otra cosa de mediano y otra de largo”, remarcó, al señalar que esa distinción resulta fundamental para que empresarios y agentes económicos puedan tomar decisiones.

Salarios, inversión y productividad

Consultado por la pérdida de poder adquisitivo y las dificultades que atraviesan los trabajadores, Lazzari planteó que el crecimiento de los salarios está directamente vinculado con la inversión y la productividad.

“En un esquema de economía abierta como este, entendamos que los salarios son hijos de la inversión, no son hijos de decisiones”, sostuvo.

Para el economista, el foco de la política económica debería estar puesto en generar las condiciones para que aumente la inversión y se reduzcan los costos que enfrenta el sector productivo.

“Los salarios son hijos de la productividad, y la productividad es hija de las inversiones”, resumió.

En este punto, destacó el impulso que el Gobierno nacional está dando a determinadas inversiones vinculadas con la minería y señaló el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) como una herramienta que está funcionando con rapidez.

Sin embargo, cuestionó que mecanismos similares no tengan todavía el mismo alcance para actividades de fuerte peso en la economía pampeana. “¿Por qué no hacemos un RIGI para la lechería o para el agro?”, planteó.

El desafío de bajar el “costo argentino”

Lazzari consideró que uno de los principales desafíos para mejorar la competitividad es reducir el conjunto de costos que enfrentan las empresas.

En particular, puso el foco en las pequeñas y medianas industrias, que deben afrontar simultáneamente cargas y regulaciones de los distintos niveles del Estado.

“La industria —especialmente la PyME— tiene un solo bolsillo y hay tres niveles de gobierno: Nación, Provincia y Municipio”, explicó.

A su entender, el denominado “costo argentino” excede ampliamente la cuestión tributaria. Incluye costos laborales, regulatorios, de infraestructura, logística y seguridad.

Para graficar el problema, sostuvo que existen situaciones en las que trasladar una mercadería dentro de la Argentina puede resultar extremadamente costoso en comparación con moverla entre ciudades europeas.

“Esos pequeños costos sumados te dejan fuera de competencia”, afirmó.

El economista reconoció que el Gobierno nacional está avanzando en materia de desregulación, aunque advirtió que el proceso es necesariamente lento. A la vez, consideró que la industria que históricamente abasteció al mercado interno es una de las más afectadas por la apertura comercial.

“Hay gente asustada”

Al analizar el clima empresarial, Lazzari describió una realidad heterogénea, con sectores que comienzan a invertir y otros que atraviesan mayores dificultades.

“Los sectores ligados a la producción primaria y primera industrialización los veo entusiasmados con algún temor, pero no eufóricos”, explicó.

En cambio, observó mayores dificultades en las actividades vinculadas con las ciudades y, especialmente, en el comercio.

“El comercio es un mar de lágrimas en ciudades chicas y grandes”, señaló.

Según Lazzari, parte de las dificultades responde a un cambio profundo en los hábitos de consumo. El consumidor compara precios permanentemente y dejó de aceptar aumentos sin evaluar alternativas.

En ese contexto, sostuvo que el comercio enfrenta simultáneamente salarios que crecen lentamente, consumidores más sensibles a los precios y una transformación tecnológica que modificó la forma de comprar.

Un consumidor que compara antes de comprar

El economista destacó el impacto que tiene internet sobre las decisiones de consumo.

“El consumidor ya no te convalida precios; compara y si siente que está caro, no compra”, afirmó.

Esta transformación obliga a los comerciantes a ser cada vez más competitivos. Lazzari señaló que las promociones y descuentos de 20%, 30% o incluso 40% que se observan actualmente son parte de ese proceso de adaptación.

“La economía va a ajustar obligándonos a ser sumamente competitivos”, sostuvo.

Reconversión: una necesidad con altos costos

Entre los sectores que enfrentan mayores desafíos de adaptación, Lazzari mencionó particularmente al textil, debido a su elevada utilización de mano de obra.

A su entender, muchas empresas deberán reconvertirse para poder competir en el nuevo escenario, pero ese proceso requiere financiamiento y, fundamentalmente, un acompañamiento rápido por parte de los gobiernos provinciales y municipales.

“Si un fabricante quiere reconvertirse para hacer otro producto y la municipalidad tarda un año y medio en habilitarle el local, se funde”, advirtió.

En ese sentido, reclamó que el Estado acompañe el ritmo de transformación que exige a las empresas.

“Esta economía te obliga a medir al milímetro y al gramo. Los gobiernos tienen que ir a la misma velocidad de cambio que le exigen a los particulares. Sacame el grillete para poder correr”, resumió.

El consumo y el peso de los gastos fijos

Lazzari también utilizó una particular comparación para explicar por qué los hogares sienten que el salario no alcanza, incluso cuando los ingresos nominales pueden mostrar cierta recuperación.

“Cuando viene la realidad y tenés que pagar la tarifa plena de luz, gas, transporte, el plan del celular y las deudas, el ingreso disponible se achica”, explicó.

Para el economista, la solución de fondo pasa por aumentar la capacidad de generación de ingresos. “La única solución es que la botella —el salario— sea más grande”, sostuvo.

Según su análisis, el problema actual surge porque el salario avanza lentamente mientras las necesidades de consumo y los gastos acumulados crecen con mayor rapidez, situación que llevó a muchas familias a recurrir al endeudamiento.

Una transición que exige decisiones

De cara a los próximos meses, Lazzari insistió en la necesidad de interpretar correctamente el momento económico para evitar decisiones basadas exclusivamente en los datos de corto plazo.

Consideró que existen sectores productivos con señales positivas y otros que todavía atraviesan una etapa de incertidumbre, por lo que resulta clave determinar qué dificultades son estructurales y cuáles forman parte de la transición.

El economista planteó, además, que una política orientada a reducir impuestos y costos productivos podría acelerar el proceso de inversión y mejorar la competitividad.

“Estoy seguro de que de esa manera se llega, pero muy lento y de forma muy dolorosa”, afirmó al referirse a la estrategia oficial de priorizar el equilibrio fiscal como condición previa para avanzar con una reducción de impuestos.

La relación con Javier Milei

Finalmente, Lazzari se refirió a su vínculo personal con el presidente Javier Milei, con quien mantuvo una estrecha amistad durante varios años.

“Fui muy amigo de Javier Milei entre 2015 y 2020”, recordó. Explicó que en 2020 tuvieron una diferencia y que desde entonces no volvió a hablar con el Presidente.

De todos modos, aclaró que esa situación personal no modifica su posición respecto del rumbo económico cuando considera que determinadas medidas son correctas.

“Son dos avenidas separadas”, sintetizó: por un lado, la relación personal; por otro, su valoración de las políticas públicas y del programa económico.