El jurado estadounidense Ryan Krohlow evaluó la raza Holando en la Expo Rural Rafaela 2026 y destacó la evolución genética alcanzada en el país. Puso el foco en la calidad de las ubres, la funcionalidad de las vacas y las características que aporta el sistema de producción argentino.

La Expo Rural Rafaela 2026 volvió a tener a la genética Holando como uno de sus grandes atractivos. En la pista, la responsabilidad de evaluar los ejemplares estuvo en manos del estadounidense Ryan Krohlow, convocado como jurado internacional para la 119ª edición de la muestra.

Durante las jornadas de clasificación, Krohlow no solamente ordenó las diferentes categorías. Su paso por Rafaela permitió también contar con una mirada internacional sobre el nivel alcanzado por el Holando argentino y compararlo con los animales que habitualmente observa en Estados Unidos.

Una de sus principales conclusiones fue positiva: la genética argentina muestra una evolución importante y existen cada vez más similitudes entre los animales que pueden encontrarse en ambos países.

Una genética cada vez más global

Para Krohlow, parte de esa aproximación responde al intercambio y utilización de genética de reproductores que terminan teniendo influencia sobre rodeos ubicados en diferentes regiones del mundo.

De esa manera, determinados atributos buscados por los criadores comienzan a repetirse y generan una mayor uniformidad dentro de la raza.

En Rafaela, uno de los aspectos que particularmente llamó su atención fue la evolución observada en las ubres de las vacas Holando.

El especialista destacó animales con ubres anchas y una buena definición del ligamento suspensorio, características directamente relacionadas con la funcionalidad y longevidad de las vacas lecheras.

El manejo argentino también deja su marca

Más allá de la genética, Krohlow encontró diferencias que atribuyó a los sistemas productivos.

Al observar el desplazamiento y las articulaciones de las vacas argentinas, señaló la influencia que puede ejercer un manejo donde los animales realizan mayores caminatas y tienen contacto con sistemas pastoriles.

Esa realidad contrasta con establecimientos estadounidenses donde las vacas permanecen durante períodos prolongados sobre superficies de cemento.

Según su análisis, las caminatas contribuyen a una mayor tonificación muscular y terminan expresándose también en la estructura y movilidad de los animales.

La observación pone en evidencia que el resultado final de un ejemplar no depende exclusivamente de su potencial genético. El ambiente, la alimentación y las condiciones en las que se desarrolla también terminan definiendo su funcionalidad.

Funcionalidad por encima del color

Otro de los animales que llamó especialmente la atención del jurado fue un toro colorado.

Krohlow explicó que, al momento de evaluarlo, el pelaje quedó en un segundo plano frente a características que consideró mucho más importantes desde el punto de vista productivo.

La conformación, estructura y funcionalidad fueron determinantes en su elección, reafirmando el criterio con el que llevó adelante la clasificación de los reproductores presentados en Rafaela.

De Rafaela a la World Dairy Expo

La participación en Argentina tuvo además un significado particular dentro de la agenda profesional del especialista estadounidense.

Su trabajo en la pista rafaelina se produjo antes de otra instancia de enorme relevancia internacional: la World Dairy Expo de Madison, uno de los principales encuentros mundiales de la lechería y la genética bovina.

Krohlow valoró especialmente la posibilidad de evaluar animales sin conocer previamente quiénes eran sus propietarios.

Esa circunstancia, explicó, permite concentrar la atención exclusivamente sobre el animal, analizando su conformación, flexibilidad y funcionalidad antes de tomar una decisión.

De una pequeña cabaña a jurado internacional

La relación de Ryan Krohlow con el Holando no se limita a su actividad como clasificador.

En Estados Unidos administra junto a su familia una cabaña de aproximadamente 50 vacas, una escala que lo mantiene directamente relacionado con el trabajo cotidiano de la producción lechera.

Durante su visita también hizo referencia a la realidad económica de su establecimiento y señaló un valor aproximado de 32 centavos de dólar por litro de leche.

Su experiencia como productor fue parte de la mirada que trasladó a la pista de Rafaela.

Luego de observar durante dos jornadas la preparación, presentación y docilidad de los ejemplares, Krohlow puso especialmente en valor el trabajo que existe detrás de cada animal.

Desde aquella experiencia inicial en un pequeño establecimiento familiar hasta llegar a desempeñarse como jurado internacional, el estadounidense encontró en Rafaela otra oportunidad para recorrer ese camino desde la pista.

Y su evaluación dejó una conclusión relevante para la lechería argentina: la genética Holando nacional muestra condiciones para compararse con los estándares que hoy se observan en algunos de los principales países productores del mundo.