El gobierno nacional, a través de la secretaría de Trabajo, dependiente del ministerio de Capital Humano puso un freno a la pretensión de ATILRA. Como comentamos ayer, el sindicato lechero pretendía paralizar todo el sector por un conflicto con SanCor.

«Para resolver un problema, nada mejor que plantear un problema más grande». Ese es el mecanismo que lamentablemente parece haberse establecido como un dogma en Argentina. La idea de ir hacia adelante siempre, aunque haya un precipicio. Y a último momento, quien impulsa la idea frena para no caer. No importa si todos los que arrastra pueden detenerse. Lo único que les importa es salvarse ellos.

El pensamiento mágico y la generalización de los problemas

Ese parece ser el pensamiento de la dirigencia de ATILRA. Si uno escucha a sus dirigentes, pareciera que todo florece en la industria lechera argentina. Pero lo cierto es que todo el sector está atravesado por una difícil situación producto de años de una economía que no hace más que caer y una dirigencia política a la que en general, sólo le importan las condiciones que les permitan cosechar votos. Y son varias las empresas que se ven acorraladas por la economía y el apriete sindical. Además del caso de SanCor, están Lácteos Vidal, Lácteos Mayol, La Lácteo y ARSA. Todas se vieron acorraladas por el gremio. Y no es que las otras empresas la pasen mejor, es que solamente no tienen conflictos a la vista del público.

Nuevo gobierno, nuevos tiempos

Pues bien, parece que por ahora, el cambio de gobierno ha dejado esas prácticas de lado (algo que habrá que corroborar con el paso del tiempo) y no permite que se sigan cometiendo algunos de los abusos que, en nombre de «la dignidad de los trabajadores», ATILRA (y varios gremios más, también) venía aplicando sistemáticamente.

Y para muestra, sólo recordamos acá lo establecido en el capítulo laboral de la llamada Ley de Bases, las conciliaciones obligatorias antes dictadas desde el inicio del nuevo gobierno, los apoyos recibidos por SanCor para que se puedan realizar las denuncias y la custodia policial para garantizar la integridad de personas y bienes amenazados.

El freno al abuso

Tras la intentona de ATILRA para realizar «asambleas sorpresivas» en las empresas procesadoras de leche de todo el país, las industrias, representadas por CIL y Apymel, pusieron el grito en el cielo y solicitaron la aplicación de la conciliación obligatoria como manera de protegerse. La respuesta del gobierno fue inmediata y puso freno a las aspiraciones de trasladar sus problemas a todo el sector.

Como venimos señalando en distintos comentarios, los problemas de ATILRA son un serio conflicto interno, la pérdida de liderazgo y autoridad de su dirigencia frente a los afiliados debido a las malas prácticas en las que incurre, el abuso frente a la contraparte industrial y la aplicación de medidas de presión como únicas herramientas de gestión.

La medida de conciliación fue establecida por un término de 15 días, tras lo cual seguramente se intentará, otra vez, generar ruido mediático y llamar la atención. Pero ya nadie les cree.