El Acuerdo Unión Europea Mercosur abre un escenario de oportunidades para la producción santafesina, aunque su verdadero impacto dependerá de la capacidad de productores, industria y Estado para construir una agenda común que permita transformar las ventajas comerciales en mejores condiciones para quienes generan la producción primaria.

La inserción internacional de los productos agroindustriales vuelve a ocupar un lugar central en la agenda del sector productivo argentino. En ese escenario, el Acuerdo Unión Europea Mercosur representa mucho más que una reducción de aranceles: plantea el desafío de fortalecer la competitividad de toda la cadena, mejorar la articulación entre sus actores y garantizar que los beneficios lleguen efectivamente al productor. Esa fue la visión que llevó CARSFE al seminario organizado en Santa Fe, donde el ingeniero Ernesto Messina expuso la posición institucional de la entidad frente a uno de los procesos comerciales más relevantes para el futuro de las economías regionales.

En representación del Consejo de la Confederación de Asociaciones Rurales de Santa Fe (CARSFE), Messina participó del panel dedicado al análisis de los alcances del convenio entre la Unión Europea y el Mercosur. Su exposición se centró en un aspecto que la entidad considera determinante: que las ventajas que genere el acuerdo no queden concentradas en un solo eslabón de la cadena, sino que alcancen también a quienes producen la materia prima sobre la cual se sustenta toda la actividad agroindustrial.

La participación de CARSFE complementó el análisis desarrollado durante el encuentro, donde también se evaluaron las implicancias económicas, logísticas e institucionales que tendría la implementación del acuerdo para la provincia de Santa Fe. Desde la entidad ruralista sostienen que el debate debe ir más allá de las cuestiones comerciales para incorporar una mirada estratégica sobre la organización de las cadenas productivas y la construcción de consensos entre todos los actores.

Una oportunidad que debe llegar hasta el productor

Para Messina, uno de los principales objetivos de la participación institucional fue explicar de qué manera el Acuerdo Unión Europea Mercosur podría traducirse en beneficios concretos para el sector primario. La eventual eliminación progresiva de aranceles y de determinados derechos de exportación representa una oportunidad significativa para mejorar la competitividad de los productos argentinos en mercados de alto valor, aunque advirtió que ese proceso deberá reflejarse también en mejores condiciones para quienes producen.

«Nuestro punto de vista fue tratar de clarificar los beneficios que le pueden llegar al productor con la implementación de este convenio. Si se eliminan aranceles y se generan ventajas comerciales, debemos ver de qué forma esas mejoras llegan finalmente a quien genera los productos que luego procesa la industria», sostuvo.

Desde la perspectiva institucional de CARSFE, el desafío no pasa únicamente por acceder a nuevos mercados, sino por construir mecanismos que permitan distribuir de manera equilibrada el valor agregado que pueda surgir de esa apertura comercial. La organización considera que esa discusión deberá ocupar un lugar prioritario dentro de las futuras instancias de negociación entre los distintos integrantes de la cadena agroindustrial.

Messina remarcó que todavía existe incertidumbre entre muchos productores respecto de los verdaderos efectos del acuerdo. Para algunos puede representar una oportunidad de crecimiento; para otros, una amenaza derivada de mayores exigencias comerciales o de cambios en las condiciones de competencia. Precisamente por ello consideró indispensable generar información, diálogo y previsibilidad antes de que el convenio entre plenamente en vigencia.

Cambiar la lógica de la cadena agroindustrial

Uno de los conceptos centrales desarrollados por el dirigente rural fue la necesidad de modificar la forma en que productores e industriales se relacionan dentro de la cadena de valor. Según explicó, el escenario internacional exige abandonar viejas divisiones y comenzar a reconocerse como empresarios que comparten riesgos, desafíos y objetivos comunes.

«Productores e industriales somos empresarios. Tenemos capital invertido, trabajamos con incertidumbre permanente y debemos tomar decisiones todos los días. Esa diferencia histórica entre unos y otros ya quedó atrás; hoy el desafío es actuar como parte de una misma estrategia productiva.»

Para Messina, la cadena no puede seguir funcionando únicamente bajo la lógica tradicional de comprador y vendedor. La verdadera competitividad, afirmó, surgirá cuando cada uno de los actores comprenda que necesita del otro para aprovechar las oportunidades que ofrece el comercio internacional.

Esa integración no implica resignar intereses sectoriales, sino construir acuerdos que permitan alinear objetivos. Desde CARSFE entienden que el Acuerdo Unión Europea Mercosur puede convertirse en un incentivo para consolidar esa visión compartida, siempre que exista una agenda de trabajo capaz de armonizar las necesidades de la producción primaria, la industria y el comercio exterior.

Asimismo, el dirigente destacó que muchas veces se interpreta erróneamente el ritmo con el que el productor toma decisiones. Recordó que la actividad agropecuaria está condicionada por procesos biológicos, climáticos y financieros que hacen que sus tiempos difieran de los de otros sectores económicos, sin que ello implique menor capacidad empresarial o resistencia al cambio.

Fortalezas que deben transformarse en ventajas competitivas

Durante el seminario también se presentaron estudios sobre las fortalezas, limitaciones y desafíos que enfrenta Santa Fe ante la eventual implementación del acuerdo comercial. Desde la mirada de CARSFE, la provincia parte de una posición favorable gracias a un conjunto de atributos construidos durante décadas de trabajo público y privado, entre ellos los sistemas sanitarios, la trazabilidad, el cumplimiento normativo y la calidad de sus procesos productivos.

Messina sostuvo que esos activos representan un diferencial importante frente a las exigencias de los mercados europeos, especialmente en un contexto donde los consumidores demandan cada vez mayores garantías sobre el origen de los alimentos y las condiciones bajo las cuales fueron producidos.

«Una de las fortalezas que tenemos es todo lo relacionado con la normativa, la sanidad, la trazabilidad y los controles comerciales. Son aspectos que muchas veces ya forman parte del trabajo cotidiano del productor argentino y que pueden convertirse en ventajas competitivas frente a otros países.»

Sin embargo, aclaró que esos atributos por sí solos no garantizan un mejor resultado económico para el productor. La posibilidad de acceder a mercados más exigentes implica también mayores inversiones, nuevos procedimientos y costos adicionales que deberán ser considerados al momento de analizar cómo se distribuirán los beneficios que genere la apertura comercial.

Desde la institución entienden que el desafío consiste en convertir esas fortalezas técnicas en una verdadera herramienta de desarrollo económico para toda la cadena agroindustrial, evitando que las nuevas exigencias recaigan exclusivamente sobre el primer eslabón de la producción.

La distribución del valor, un debate pendiente

Uno de los conceptos más profundos desarrollados por Messina fue la necesidad de instalar una discusión que, a su juicio, históricamente ha quedado fuera de la agenda: cómo distribuir la renta diferencial que podría generar el Acuerdo Unión Europea Mercosur.

El dirigente explicó que la posibilidad de acceder a mercados con menores barreras arancelarias y mejores condiciones comerciales generará un valor adicional dentro de las cadenas agroindustriales. La cuestión, sostuvo, será definir de qué manera ese beneficio se repartirá entre todos los actores que participan del proceso productivo.

«Hay un tema del que prácticamente nunca hablamos y que debemos instalar en la mesa de negociación: la distribución de la renta diferencial que genera el cumplimiento de todos estos requisitos. Si el acuerdo crea más valor, tenemos que discutir cómo se distribuye ese valor dentro de la cadena.»

Para CARSFE, este debate resulta indispensable porque el productor es quien realiza gran parte de las inversiones necesarias para cumplir con los estándares sanitarios, ambientales y de calidad que exige la Unión Europea. Sin una adecuada participación en los beneficios obtenidos, advirtió Messina, será difícil consolidar un proceso de crecimiento sostenido.

La entidad considera que esta discusión debe desarrollarse con transparencia y con la participación de todos los integrantes de la cadena, dejando de lado visiones sectoriales para construir acuerdos que fortalezcan la competitividad general del sistema agroindustrial.

El Estado como facilitador del desarrollo

Otro de los ejes planteados por el representante de CARSFE fue el rol que deberá asumir el Estado para que el acuerdo comercial pueda traducirse en resultados concretos para la producción.

Messina remarcó que, aun cuando buena parte de las relaciones comerciales se desarrollan entre empresas privadas, el sector público tiene responsabilidades indelegables como facilitador del desarrollo económico, generando infraestructura, reglas previsibles y condiciones que permitan mejorar la competitividad de las economías regionales.

«El Estado tiene que estar presente como facilitador. No hablamos solamente de una negociación entre privados. También hacen falta infraestructura, logística, inversiones y políticas que permitan que toda esa producción llegue de manera eficiente a los mercados.»

Desde esa perspectiva, la infraestructura ocupa un lugar estratégico. Caminos rurales, rutas, puertos, conectividad y sistemas logísticos eficientes aparecen como condiciones indispensables para que las ventajas comerciales no queden solamente plasmadas en un acuerdo firmado sobre el papel.

La institución entiende que el crecimiento exportador depende tanto de la capacidad productiva como de la posibilidad de transportar esa producción de manera competitiva. Sin mejoras logísticas, sostienen, cualquier reducción arancelaria pierde parte de su potencial económico.

Asimismo, CARSFE considera que el Estado también debe desempeñar un papel articulador entre los distintos sectores involucrados, promoviendo espacios de diálogo donde puedan abordarse temas sensibles como inversiones, infraestructura, financiamiento, innovación y distribución del valor agregado que genere el comercio internacional.

Construir una agenda común para aprovechar el acuerdo

Como mensaje final de su participación en el seminario, Messina sostuvo que el verdadero desafío no será únicamente la entrada en vigencia del convenio entre la Unión Europea y el Mercosur, sino la capacidad de los distintos actores para construir una agenda compartida que permita convertir esa oportunidad comercial en desarrollo económico sostenible.

Desde la visión institucional de CARSFE, el futuro dependerá de la posibilidad de superar intereses coyunturales y avanzar hacia una mayor integración entre producción, industria y Estado. Ese trabajo conjunto, explicó, será la única manera de garantizar que las ventajas competitivas de Santa Fe se traduzcan en crecimiento, inversión y generación de empleo en todo el territorio provincial.

«Tenemos que construir una agenda donde estos temas puedan discutirse entre todos los actores. Cuando hablamos de cadena también estamos incluyendo al Estado como facilitador y árbitro. Si logramos trabajar con objetivos comunes, las oportunidades serán mucho mayores para toda la provincia.»

El dirigente insistió en que el productor agropecuario debe ocupar un lugar central en esa discusión, ya que es quien asume gran parte del riesgo empresario y quien realiza las inversiones necesarias para sostener la producción en un contexto de creciente incertidumbre.

La posición de CARSFE expuesta durante el seminario puso el foco en un aspecto que trasciende la coyuntura del tratado internacional: la necesidad de fortalecer institucionalmente las cadenas agroindustriales para que puedan responder de manera coordinada a las demandas de los mercados internacionales.

En ese sentido, el Acuerdo Unión Europea Mercosur aparece como una oportunidad para revisar la forma en que se genera, distribuye y agrega valor dentro de la producción santafesina. Para la entidad ruralista, el éxito no dependerá exclusivamente del contenido del convenio, sino de la capacidad de todos los actores para construir confianza, coordinar inversiones y compartir una visión estratégica de largo plazo.

Con ese enfoque concluyó la participación de Ernesto Messina en el Seminario CARSFE realizado en Santa Fe, aportando una mirada institucional que complementó el análisis realizado por funcionarios, especialistas y representantes del sector privado. Más allá de las ventajas comerciales que pueda ofrecer el acuerdo, el mensaje dejó una definición clara: el desarrollo no llegará únicamente por la apertura de mercados, sino por la decisión de trabajar de manera integrada para que los beneficios alcancen a toda la cadena de valor.