De nuevo, en lo que ya se demuestra como una total falta de capacidad de las autoridades del gremio, ATILRA amenaza con paros. Pretende trasladar su conflicto con SanCor a las otras empresas lácteas. El reiterado planteo de medidas de fuerza extrema ya no sorprende ni conmueve a nadie, y a la vez exhibe crudamente la pérdida total de liderazgo entre los afiliados.
Hace poco tiempo, una asamblea de la que sólo pudieron participar los afiliados que se niegan a retomar el trabajo en SanCor aceptó la propuesta que hiciera llegar la cooperativa. Ahora, desesperados porque todavía no termina de cerrarse el trato, el reducido grupo de díscolos pretende extender el conflicto a toda la industria.
Existe una expresión en piamontés que en la cuenca lechera del oeste santafesino se exclamaba como queja cuando algo se repetía una y otra vez: «¡Nauta volta el crin en la melia!». Traducido, significa «¡Otra vez la chancha en el maíz!».
La única idea son los paros y la presión desmedida
Esto hace referencia a la permanente apelación a las medidas de fuerza extrema por parte de los sindicalistas ante cada reclamo o queja por algo que les resulta incómodo… aun cuando son ellos mismos los causantes del problema.
Lo que sucede es que, según trascendió desde la propia cooperativa, está claro que aquellos empleados que no se presentan a realizar las tareas por las cuales deberían cobrar su sueldo, no tendrán acceso a ninguna remuneración. En otras palabras: «el que no trabaja, no cobra».
Es que un reducido grupo de activistas, muchos de ellos delegados gremiales del sindicato ATILRA, en particular en la planta ubicada en Sunchales, no trabaja desde mediados de octubre de 2023. Durante todo ese tiempo, cobraron inicialmente de SanCor, pero luego empezaron a recibir una compensación del propio gremio… ¡para no trabajar! Algo que, reiteramos, debería ser investigado por la justicia, porque nadie puede explicar de dónde provenían esos fondos.
Cuando la realidad y la verdad se imponen
Luego, la mayoría de los empleados se fue dando cuenta que la verdadera intención de los popes del sindicato no era defender a los trabajadores, sino intentar apropiarse de los activos de la cooperativa. Es algo que ATILRA no había logrado mediante su participación en la defensa de un fallido fideicomiso que pretendía arribar a la industria láctea en cuestión. Por eso impulsaron bloqueos a las plantas, forzaron el derrame de cientos de miles de litros de leche, muchos productos se vencieron en los depósitos, amenazaron e intimidaron de varias maneras a sus propios colegas y a muchos más… Realizaron cuanta tropelía se les ocurrió. Y los trabajadores se cansaron y se rebelaron.
Así fue que la mayoría volvió a trabajar. Excepto un grupo fanatizado que se niega a aceptar que para cobrar un sueldo hay que trabajar. Y pretende encolumnar a todo el resto atrás de sus demandas, que si no fueran dañinas, serían graciosas, desopilantes.
A qué se comprometió SanCor… y a qué no
Según pudimos averiguar, la propuesta realizada por la empresa establece de manera clara y precisa que el convenio con los trabajadores díscolos sólo tendrá plena vigencia desde el momento en que se aseguren los fondos necesarios y que los empleados presten tareas.
Lo que debe quedar claro es que todos quienes trabajan cobran su sueldo íntegro, de acuerdo al convenio que regula la actividad lechera, como en el resto de la industria láctea.
Pasa que los delegados, que por el convenio colectivo de trabajo pueden acceder a un día por mes de licencia sindical, estaban acostumbrados en muchos casos a tomarse hasta todo el mes sin asistir a cumplir con su labor. Y pretenden esconder su falta al trabajo bajo la figura de «asamblea», como si eso les diera la inmunidad para hacer lo que se les da la gana.
El que mal anda, mal acaba
Flaco favor les hace Etín Ponce al estimular ese tipo de comportamientos, ya que los expone (una vez más y van…) a que además de no percibir un sueldo, sean pasibles de sanciones que los lleven al despido con justa causa. De paso, se habló mucho de los 8 delegados que fueron imputados por los bloqueos y desmanes producidos, pero al parecer son muchos, pero muchos más, los que deberán desfilar por dependencias judiciales, viendo comprometido su futuro.
Peor aún, se sabe que muchos de ellos han recibido airados reclamos en el seno de sus hogares, al no recibir más ingresos, ni de SanCor ni del gremio, para sostener el día a día. Eso, más las complicaciones que se avecinan cuando pierdan sus fueros sindicales en próximas elecciones, son desafíos muy difíciles de afrontar.
Mientras tanto, en estos días trataron de llevar sus reclamos a través de medidas de fuerza en otras industrias. El resultado: el rechazo y la indiferencia de los trabajadores. Y en SanCor tampoco tienen eco. Han perdido todo consenso, toda ayuda que alguna vez tuvieron. Hoy sólo les queda la victimización a través de acusaciones sin fundamento y el intento de generar lástima por una situación que ellos mismos se generaron.
Por supuesto, tienen una posibilidad. Una sola. Es volver a trabajar.
Como hace cualquier otra persona que tiene verdadera dignidad. Pero a veces, parece que cuesta mucho asumir la verdad y reconocer los errores. Más aún, cuando son tantos y tan graves.
Cuando lo que falla es la cabeza
Un párrafo aparte merece Héctor Ponce, y es extensible a sus más cercanos colaboradores. Fueron varias las veces en las que Ponce tiró la piedra y escondió la mano. Sólo apareció ocasionalmente en algunos medios en los cuales cuenta con oídos complacientes y preguntas amables (¿pauta generosa, tal vez?). Y dejó que «la tropa» se expusiera a las consecuencias. Lejos quedó la época en la que se ponía al frente. Los memoriosos podrán recordar los sucesos de Rosario, varios años atrás, donde hubo hasta muertos en la dura refriega de la interna sindical.
Lo cierto es que así como anticipamos varios meses atrás que ATILRA se caía, y luego que «tiraba la toalla», hoy afirmamos con total seguridad que, aunque pueda durar un tiempo más, Etín Ponce está terminado. Son demasiadas cosas las que pasaron, y en el seno del gremio no dejarán que siga conduciendo sus destinos, ni que los recursos que cada vez son menos, se apliquen discrecionalmente en Sunchales.
Lo malo es que arrastró a mucha gente tras de sí, pero seguramente, eso no le importa.
