El Acuerdo Unión Europea–Mercosur abre una nueva etapa para la producción y la industria argentina. Desde FISFE destacan que el desafío no pasa solo por exportar más, sino por construir una estrategia conjunta que permita agregar valor, generar empleo y aprovechar plenamente las oportunidades que ofrece el mercado europeo.
La posibilidad de concretar el Acuerdo Unión Europea–Mercosur volvió a instalar un debate que trasciende la apertura de mercados y pone el foco en la competitividad de toda la cadena agroindustrial. Para el sector productivo y la industria santafesina, el verdadero desafío será transformar esa oportunidad comercial en un proceso sostenido de inversión, innovación y generación de valor agregado que permita fortalecer la presencia argentina en los mercados internacionales.
Durante el Seminario organizado por CARSFE en la ciudad de Santa Fe, Javier Martín, presidente de la Federación Industrial de Santa Fe (FISFE), compartió la visión del sector industrial sobre el escenario que podría abrirse con la aprobación del acuerdo comercial. Su mensaje estuvo orientado a promover una agenda común entre productores, industria, Estado y sistema científico, dejando de lado viejas discusiones sectoriales para avanzar hacia una estrategia de desarrollo compartida.
La integración de toda la cadena como punto de partida
Martín destacó especialmente la convocatoria realizada por CARSFE, al considerar que el encuentro permitió reunir a los distintos eslabones involucrados en el desarrollo productivo de la provincia. Según expresó, pocas veces coinciden en una misma mesa representantes del sector primario, la industria y el Estado para analizar un desafío común.
«Hay que felicitar a CARSFE por reunir prácticamente a toda la cadena. Está el productor, está la industria y está el sector público. Es fundamental que trabajemos juntos porque las problemáticas que se generan a partir del Acuerdo Unión Europea–Mercosur son transversales y demandan cooperación, no competencia», sostuvo el titular de FISFE.
Para el dirigente industrial, el debate no debe plantearse en términos de campo versus industria, sino como una oportunidad para fortalecer el entramado productivo argentino. Consideró que ambas actividades dependen mutuamente y que el crecimiento de una termina potenciando a la otra cuando existe una estrategia común.
Agregar valor para competir en Europa
Uno de los conceptos que atravesó toda la exposición de Martín fue la necesidad de agregar valor a la producción nacional. En su visión, la apertura del mercado europeo tendrá un impacto positivo únicamente si Argentina logra incrementar el nivel de procesamiento industrial de sus materias primas.
«Necesitamos un proceso de incremento de nuestras exportaciones, especialmente hacia Europa, que es un mercado desarrollado y de alto valor agregado. Para eso debemos trabajar en conjunto para agregar valor. Significa procesar nuestras materias primas, complejizar su transformación y exportar productos con mayor contenido industrial», afirmó.
El dirigente sostuvo que ese camino no solo permitiría mejorar la inserción internacional de las empresas argentinas, sino también impulsar mayor generación de empleo, nuevas inversiones y un crecimiento económico más sostenible para las economías regionales.
Desde la mirada industrial, el acuerdo comercial aparece así como un incentivo para acelerar procesos de innovación, incorporar tecnología y desarrollar nuevas capacidades productivas que permitan competir en mercados cada vez más exigentes.

Una agenda público-privada para aprovechar el acuerdo
Martín explicó que uno de los aportes más relevantes del trabajo impulsado por CARSFE fue el análisis realizado sobre distintas cadenas productivas, donde se identificaron los principales desafíos que enfrentarán los sectores exportadores ante la implementación gradual del acuerdo.
Según indicó, ese relevamiento permitió detectar el impacto que tendrán los reglamentos técnicos europeos, la reducción progresiva de aranceles y la competencia que surgiría tanto con otros países del Mercosur como con exportadores de distintas regiones del mundo interesados en abastecer al mercado europeo.
A partir de ese diagnóstico, consideró que el siguiente paso consiste en construir una agenda coordinada que permita resolver los obstáculos detectados mediante acciones concretas en los ámbitos provincial y nacional. Esa agenda, remarcó, debería integrar al sector privado, los gobiernos, las universidades y el sistema científico-tecnológico para diseñar políticas públicas que acompañen el desarrollo de las cadenas productivas.
«Después del relevamiento viene el proceso de identificar los principales obstáculos, definir qué corresponde trabajar desde la provincia, qué desde la Nación y sentarnos en mesas de coordinación donde cada actor pueda asumir su responsabilidad. Necesitamos una agenda público-privada que permita aprovechar todo el potencial del acuerdo», concluyó Martín.
Con esa visión, el presidente de FISFE dejó un mensaje que complementa los planteos realizados durante el seminario por otros referentes del sector agroindustrial: el éxito del Acuerdo Unión Europea–Mercosur dependerá menos de la firma del tratado que de la capacidad de Argentina para construir consensos, impulsar políticas de competitividad y consolidar cadenas de valor capaces de transformar la producción primaria en más industria, más exportaciones y mayor desarrollo para Santa Fe y el país.
