En un contexto de alta volatilidad ganadera, el mercado enfrenta desafíos inmediatos que amenazan con desviar el foco de una estrategia de crecimiento sostenible. Exportaciones en alza, medidas transitorias y distorsiones de costos complejizan las decisiones productivas.

Una recuperación exportadora en medio de la inestabilidad

El mercado ganadero argentino vive momentos de gran volatilidad, marcados por una inestabilidad interna que contrasta con un escenario global más favorable. En agosto se exportaron 84,3 mil toneladas de carne vacuna (peso carcasa), un 8% más que en julio, mostrando signos de recuperación. Esta mejora se vio acompañada por un incremento del 40% en el precio promedio por tonelada exportada respecto al año anterior, lo cual moderó el impacto de una caída interanual del 12% en el volumen total exportado.

Fuente: Rosgan

Estas cifras permiten pensar en un 2025 prometedor: el USDA proyecta un aumento del 8% en las exportaciones de carne vacuna argentina, impulsado por la fuerte demanda internacional y una coyuntura geopolítica favorable. No obstante, estas oportunidades conviven con tensiones estructurales que afectan la producción local.

Costos relativos y decisiones postergadas

El aumento del precio del grano, producto de la quita transitoria de retenciones a los granos, ha generado una nueva distorsión en los costos del sistema de engorde a corral. Con el maíz pasando de USD 175 a más de USD 190 por tonelada, los márgenes negativos en los feedlots se profundizan, desincentivando la reposición de animales y afectando la cadena de valor en su conjunto.

Fuente: Rosgan

La otra alternativa productiva —la recría y engorde extensivos— también enfrenta limitaciones, principalmente por el alto costo del capital inmovilizado. Ambas opciones se ven condicionadas por decisiones políticas de efecto inmediato pero sin una visión sostenida en el tiempo, lo que incrementa la volatilidad del negocio ganadero.

Medidas transitorias y efectos contrapuestos

La eliminación de retenciones a la exportación de carne de novillo y carne aviar hasta el 31 de octubre de 2025, o hasta alcanzar los USD 7.000 millones en DJVE, es otro intento del Gobierno por corregir distorsiones. Sin embargo, estas decisiones temporales no eliminan la incertidumbre que atraviesa el sector.

En el corto plazo, las nuevas condiciones impulsan a los exportadores pero complican a los productores, que deben lidiar con el aumento de costos sin poder trasladarlo completamente a precios. La volatilidad que generan estas medidas, más que ofrecer certezas, refuerza el cortoplacismo en la toma de decisiones y desalienta inversiones claves para reconstruir el stock ganadero.