La Argentina posee una de las mejores genéticas bovinas del mundo, pero aún comercializa gran parte de su producción como commodity. Para Víctor Tonelli, la implementación de la tipificación de la carne permitiría diferenciar calidad, generar mejores precios y aprovechar el enorme potencial productivo que hoy permanece oculto dentro del mercado tradicional.

La ganadería argentina atraviesa una etapa en la que la búsqueda de mayor eficiencia y rentabilidad ya no depende únicamente de producir más kilos de carne. En un contexto global donde los consumidores valoran cada vez más atributos específicos de calidad, la tipificación de la carne aparece como una herramienta estratégica para transformar ventajas productivas en mejores ingresos para toda la cadena.

Durante el reciente Congreso Argentino del Foro de Genética Bovina realizado en Córdoba, Víctor Tonelli, reconocido especialista en mercados ganaderos, analizó los desafíos que enfrenta el país para dejar atrás la comercialización basada exclusivamente en commodities y avanzar hacia sistemas que permitan reconocer y premiar la calidad de los animales producidos.

Una genética de excelencia que todavía no se aprovecha plenamente

Según Tonelli, la Argentina reúne condiciones excepcionales para competir en los mercados más exigentes del mundo. La combinación de genética, clima, suelo, productores y conocimiento técnico coloca al país entre los líderes internacionales en producción de carne bovina.

«La Argentina tiene una genética que sin duda está dentro de las tres mejores del mundo. Tiene clima, suelo, productores, técnicos y todo lo necesario para destacarse, pero sigue vendiendo commodities», afirmó el especialista.

Sin embargo, gran parte de ese potencial permanece diluido dentro de un sistema comercial que no diferencia adecuadamente los atributos de calidad de los animales. Como consecuencia, animales con características superiores terminan recibiendo valores similares a los de otros de menor calidad, sin generar señales claras para incentivar mejoras productivas.

Actualmente, una importante proporción de la hacienda argentina posee condiciones para acceder a mercados premium, pero al no existir mecanismos consolidados de clasificación y valorización, ese diferencial económico se pierde a lo largo de la cadena.

La tipificación de la carne como herramienta estratégica

Uno de los ejes centrales planteados por Tonelli fue la necesidad de avanzar definitivamente en la implementación de sistemas modernos de tipificación de la carne.

Países como Estados Unidos y Australia desarrollaron durante décadas modelos que evalúan características vinculadas a la experiencia de consumo, tales como marmoreo, área de ojo de bife, color de la carne y otros parámetros que determinan la satisfacción del consumidor.

«Hoy los ejemplos a seguir son Estados Unidos y Australia, que han desarrollado sistemas durante más de veinte años para definir características que al final generan mayor o menor satisfacción al momento del consumo», explicó.

La tipificación de la carne permite precisamente identificar esos atributos y transformarlos en valor económico. Para el productor, esto significa contar con información objetiva que le permita orientar sus decisiones genéticas y productivas hacia aquellos animales que obtienen mejores resultados comerciales.

Además, genera transparencia en toda la cadena y facilita la construcción de marcas, programas de certificación y estrategias de diferenciación para mercados de alto valor.

Del commodity al producto premium

Tonelli considera que uno de los mayores desafíos de la ganadería argentina consiste en dejar de vender carne únicamente como commodity para comenzar a posicionarla como producto premium.

Actualmente, una parte significativa de los animales comercializados posee condiciones para acceder a segmentos de mayor valor, pero no existe un sistema suficientemente desarrollado que permita reconocer esa calidad.

«Hoy entre un 10 y un 20% de esos animales que se venden como commodity podrían transformarse en productos premium si fueran correctamente seleccionados y direccionados», sostuvo.

El especialista estima que una estrategia adecuada permitiría que ese porcentaje crezca hasta representar entre el 30 y el 50% de la producción nacional, generando un fuerte impacto económico.

Los beneficios potenciales son significativos. Según indicó, los productos premium pueden alcanzar valores entre 15% y 25% superiores respecto de los precios tradicionales obtenidos por carnes comercializadas sin diferenciación.

Señales económicas para toda la cadena

Para que la tipificación de la carne se convierta en una realidad, Tonelli considera indispensable el trabajo conjunto entre el Estado, la industria frigorífica y los productores.

El sistema requiere mecanismos de certificación confiables y esquemas comerciales que premien o castiguen según la calidad efectivamente obtenida por cada animal. De esa manera, el productor recibiría señales económicas concretas que orienten sus decisiones de selección genética y manejo.

«Cuando el productor recibe señales claras de que por determinado camino tendrá mayor rendimiento y rentabilidad, comienza naturalmente a utilizar todo el potencial genético disponible», señaló.

La posibilidad de vincular calidad con precio constituye uno de los factores más relevantes para acelerar la adopción de tecnologías y mejorar la competitividad del sector.

En un escenario internacional cada vez más exigente, aprovechar la extraordinaria genética bovina argentina mediante sistemas modernos de clasificación y valorización podría representar una de las principales oportunidades de crecimiento para la cadena de ganados y carnes en los próximos años.