En lo que ya parece una situación eterna, los embates de ATILRA contra SanCor no tienen fin. No importa si se basan en hechos reales, no es suficiente que una y otra vez quede demostrada la voluntad de las cabezas del gremio para quedarse con la empresa. ATILRA hace uso y abuso del viejo adagio atribuido a Joseph Goebbels: «Miente, miente, que algo quedará». Así y todo, la verdad siempre se impone, y la verdad demuestra las conductas abusivas y delictuales de los gremialistas. Y eso tiene consecuencias.

Nuevos capítulos se suman a esta saga, que si no fuera por lo dramática que es para tantas personas, bien ameritaría una extensa serie en alguna de las populares plataformas de streaming. Y es dramática porque hay empleados que quieren trabajar en libertad, porque hay personas que se animan a invertir su dinero y su tiempo en generar riqueza y prosperidad, porque hay comunidades que viven de ese esfuerzo y consumidores que se nutren de los productos elaborados. Todos ellos quieren ser felices con lo que hacen, en libertad y sin que el temor gobierne sus vidas.

Pero esas buenas intenciones quedan truncas cuando enfrente aparece la figura de ATILRA, con sus máximas autoridades a la cabeza, sembrando miedo con amenazas y acciones violentas, generando destrucción de las fuentes de trabajo, obstaculizando los procesos y la marcha de los negocios de algo tan importante como los alimentos lácteos.

Y no les importan el dolor, ni las formas ni las consecuencias. A Etín Ponce y a sus seguidores (cada vez menos y más acorralados, por suerte) sólo les interesan el poder (siempre abusivo) y el dinero.

Por qué ATILRA miente

Porque es el único recurso que le queda por delante. Porque fue destruyendo sistemáticamente la idea de que defendía los intereses de sus afiliados, los trabajadores, y sólo se preocupó por acrecentar los negocios del gremio… ¿y de sus autoridades?

Una base de poder que se concentró en Sunchales y que se expandió mientras expoliaba a las industrias lácteas de todo tamaño y en particular a SanCor. Boliche, instituciones médicas, hoteles, fiestas multitudinarias, auspicios deportivos de los más variados, participaciones publicitarias en medios periodísticos, viajes y adhesiones partidarias que se llevaban los recursos de los afiliados. Sí, los recursos de los afiliados que cada vez reciben menos prestaciones y que además son maltratados por quienes administran cuando se animan a disentir o tan solo a preguntar «¿Por qué?».

ATILRA miente cuando dice que protege a los trabajadores. Debe recordarse que primero avalaba y defendía con uñas y dientes un fideicomiso que pensaba dejar sin trabajo ni ninguna cobertura a casi 1.000 empleados. Después pasó a amenazar, amedrentar y condicionar a quienes deseaban trabajar para ganarse el pan. También llegó a ofrecer y pagar dinero a los trabajadores… ¡con la condición de que NO trabajen». De paso, el gremio debería explicar la procedencia de ese dinero, distribuido en efectivo y de manera no muy transparente.

También ATILRA miente cuando acusó a SanCor, hace unos pocos días, de maniobras fraudulentas en una supuesta exportación reciente a Cuba. De poco le sirvió: la empresa emitió un contundente comunicado donde notificaba que no realizó ninguna exportación de leche a Cuba, destino al cual no envía mercadería ¡desde 2016! Otra mentira que se derribó.

Un informe tan esclarecedor como demoledor

Claro que a nadie debe sorprender lo que ATILRA hizo y hace. Un reciente informe del reconocido periodista Osvaldo Bazán desgrana una por una todas las acciones principales y conductas asumidas por la máxima conducción sindical. Para quienes no lo hayan visto todavía, preparen pochoclos y siéntense cómodos, es un informe formidable e imperdible, que aquí compartimos:

A pintar los dedos…

Por otra parte, también intentó desviar la atención cada vez que se ponía en evidencia su accionar. Pero tampoco funcionó, como en las recientes denuncias dadas a conocer en contra de los activistas que hicieron desmanes y bloquearon tanto la producción como la descarga de materia prima y la carga de camiones de productos terminados, tal como lo exhibimos en esta nota:

La novedad ahora es que varios de los sindicalistas de ATILRA involucrados en las denuncias fueron imputados por el Fiscal Juan Manuel Puig, en Rafaela. Se trataría de 9 activistas, empleados de SanCor, por los delitos de «amenazas calificadas por el propósito de compeler a otras personas a hacer abandono de su lugar de trabajo», «usurpación por turbación de la posesión» y «amenazas coactivas». Esto sucedió el martes 26 de marzo y sacudió las estructuras sindicales, que estaban acostumbradas a generar desmanes sin sufrir consecuencias por su accionar. Hoy, la desorientación en las filas adeptas a Ponce es total.

La procesión va por dentro… y también por fuera

Mientras todo eso sucede en el ámbito de SanCor y alrededor de las denuncias y acciones descriptas, también hay un frente externo que amenaza a ATILRA. Es que el cambio de época en la política, con otras miradas y otros actores, pasó a generar una manera distinta de accionar por parte de los gobiernos, tanto el nacional como el santafesino.

Ya no se aceptan y mucho menos, avalan, las tropelías de los sindicatos. La postura firme y decidida del gobierno de Pullaro, al destacar policías en el interior de la planta de Sunchales para evitar desmanes, es acompañada por una gestión mucho más ágil de la justicia provincial. Otro tanto sucede con el gobierno nacional, donde la Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, limita los excesos de las llamadas «minorías intensas» que intentar copar las calles, señala los abusos sindicales y promueve legislación que genere armonía en el orden público. Y al presentar esa legislación, puso el ejemplo de lo que sucede en SanCor:

Patricia Bullrich y Luis Petri presentan proyectos en materia de seguridad

El respaldo de diputados y del Movimiento Empresario Antibloqueos (MEAB)

También el Movimiento Empresario Antibloqueos (MEAB) viene ejerciendo una acción de acompañamiento notable a la Cooperativa. Esta organización empresaria fue creada para neutralizar una práctica criminal que se venía estableciendo como mecanismo de presión sobre las empresas, y que se había «normalizado» en la sociedad y por parte de las distintas autoridades de aplicación del orden y la justicia. Y lograron resultados notables con el énfasis sobre la aplicación de las leyes.

En una oportunidad, la otrora presidente de la asociación y hoy diputada nacional, Verónica Razzini, acudió al llamado de los trabajadores en compañía de los también diputados Alejandro Bongiovanni y Gabriel Chumpitaz.

Este martes 26, una delegación del MEAB, encabezada por su actual presidente, Juan Méndez, y Ariel Rey, Germán Clausen y Miguel Cassani. Hablaron extensamente con los trabajadores de la empresa, afectados por las acciones sindicales, y también se reunieron con las máximas autoridades de la Cooperativa. Entre los trabajadores dejaron un mensaje de contundente apoyo y solidaridad, que se refleja en la imagen que aquí compartimos:

Cuando llegan los malos momentos…

Seguramente, en los manotazos que el sindicato dará en los próximos días, como parte de su desesperada acción de recomponer su imagen, deteriorada sin retorno, hará nuevas acusaciones. Y resultarán falsas, como las que ha venido haciendo. Ya pasó el tiempo del carnaval, por lo que deberán dejar caer las caretas.

Como hemos expuesto, sólo apelan a la mentira y a la victimización. Hay ciertas expresiones populares que son bien elocuentes para explicar qué es lo que sucede. Una es:

El mentiroso, cuando se ve descubierto, se enoja o se hace la víctima.

Otra expresa:

Nadie miente si se siente fuerte, solo miente quien se siente vulnerable, la mentira es un recurso de los temerosos.

Lo cierto es que ambas reflejan con precisión las actitudes de los sindicalistas. Agobiados y abrumados, apelan a la mentira y a denostar a quienes eligieron como blanco de sus objetivos. El problema es que les salió mal. Y a la luz de los acontecimientos, por más que insistan, les irá peor.