Los sistemas lecheros resilientes fueron uno de los temas centrales de la vigésima edición de Vidriera Genética 2026. El Ing. Agr. José Jáuregui, docente de la FCA-UNL, analizó las brechas productivas, sociales y ambientales que enfrenta la lechería argentina y los desafíos para sostener la competitividad del sector.

La lechería atraviesa una etapa de transformación marcada por mayores exigencias productivas, ambientales y sociales. En ese escenario, los sistemas lecheros resilientes aparecen como una herramienta estratégica para sostener la eficiencia, mejorar las condiciones de trabajo y responder a nuevas demandas de consumidores y regulaciones internacionales.

Durante la vigésima edición de Vidriera Genética 2026, el Ing. Agr. José Jáuregui, docente de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Litoral (FCA-UNL), compartió una charla centrada en las oportunidades y desafíos que enfrenta el sector. El especialista planteó la necesidad de repensar los modelos productivos con una mirada integral que combine productividad, sustentabilidad y atractivo para las nuevas generaciones.

Sistemas lecheros resilientes y nuevas demandas

Jáuregui explicó que el contexto global obliga a la producción animal y particularmente a la lechería a adaptarse a nuevas exigencias vinculadas con el ambiente, el bienestar animal y la percepción social del sector.

“Hoy tenemos que empezar a mirar cómo nos están viendo como sector y cuáles son las demandas que vienen hacia adelante. Muchas cuestiones que hoy parecen lejanas van a impactar directamente sobre la producción en el corto plazo”, sostuvo.

El docente destacó que los sistemas lecheros resilientes no solo deben enfocarse en producir más, sino también en generar procesos sostenibles y eficientes. En ese sentido, consideró que la resiliencia implica capacidad de adaptación frente a cambios económicos, climáticos y regulatorios.

Además, remarcó que el componente social tendrá cada vez mayor peso en la sustentabilidad de los tambos. La disponibilidad de mano de obra capacitada y la necesidad de atraer jóvenes al sector aparecen como factores determinantes para el futuro de la actividad.

Brechas productivas y eficiencia forrajera

Uno de los principales conceptos desarrollados por Jáuregui fue la existencia de distintas brechas dentro de la producción lechera argentina. Según explicó, muchas de ellas comienzan en la base del sistema: la producción y utilización del forraje.

“Todo el negocio ganadero arranca por el pasto. No importa si es un sistema más pastoril o más encerrado, todos tienen que producir forraje de calidad y después consumirlo eficientemente”, afirmó.

El especialista señaló que existen diferencias importantes entre establecimientos respecto a producción de materia seca, eficiencia de cosecha y aprovechamiento de los recursos. Para el técnico, cerrar esas brechas representa una de las principales oportunidades de mejora para la competitividad del sector.

También hizo referencia a las brechas genéticas y de infraestructura. En muchos tambos todavía persisten instalaciones con limitaciones operativas que afectan la eficiencia y las condiciones laborales.

Los tiempos de ordeñe prolongados, las limitaciones edilicias y las deficiencias en instalaciones para el personal continúan siendo desafíos presentes en numerosos establecimientos lecheros.

Infraestructura, talento y sostenibilidad

Jáuregui insistió en que el objetivo no debe ser buscar responsables, sino proyectar una lechería capaz de evolucionar y adaptarse a los nuevos escenarios productivos.

“Tenemos que pensar qué necesita la lechería para ser atractiva y sostenible. Hoy uno de los problemas que aparece es la dificultad para atraer nuevos talentos al sector”, indicó.

En esa línea, explicó que mejorar las condiciones de trabajo y profesionalizar la actividad será clave para consolidar sistemas lecheros resilientes. El recambio generacional y la incorporación de tecnología dependerán en gran medida de lograr tambos más eficientes y con mejores condiciones para quienes trabajan diariamente en ellos.

El docente también remarcó que la sostenibilidad dejará de ser un concepto teórico para transformarse en un requisito concreto de los mercados y de las regulaciones internacionales.

Las exigencias ambientales, los sistemas de medición de impacto y las nuevas normativas vinculadas con emisiones y bienestar animal tendrán creciente incidencia sobre la producción lechera argentina.

Finalmente, Jáuregui destacó que la capacidad de adaptación será determinante para el futuro del sector. La combinación entre eficiencia productiva, infraestructura adecuada, genética y gestión permitirá enfrentar un escenario cada vez más desafiante.

“La resiliencia es justamente la capacidad de adaptarse y seguir siendo competitivos. Ahí está el gran desafío de la lechería que viene”, concluyó.