En la reciente ExpoAlfa 2024, el ing. agr. Gonzalo Berhongaray ofreció una charla esclarecedora sobre la relación entre el suelo y la alfalfa, destacando su papel en la mejora de la fertilidad del suelo. La presentación subrayó los requerimientos específicos de la alfalfa, sus exigencias de manejo y cómo este cultivo no solo depende de condiciones ideales de suelo, sino que también puede influir positivamente en sus propiedades a largo plazo. 

Los exigentes requerimientos de la alfalfa 

 La alfalfa, conocida como la «reina de las forrajeras», es una planta altamente exigente en términos de fertilidad y manejo del suelo. Según Berhongaray, este cultivo requiere altos niveles de nutrientes esenciales, como fósforo, además de un adecuado balance de bases y un pH favorable. «La alfalfa es una especie para los mejores suelos», destacó, añadiendo que, en regiones como Santa Fe, compite directamente con cultivos como el maíz por las mejores tierras agrícolas. Además, la alfalfa necesita condiciones bien drenadas, ya que no tolera el anegamiento, lo que limita su adaptación a terrenos con baja permeabilidad al agua o zonas propensas a inundaciones. 

Elección del suelo adecuado 

La elección del suelo es clave para el éxito de la alfalfa. En suelos pesados y con altos contenidos de arcilla, los problemas de anegamiento representan un obstáculo significativo, mientras que en terrenos más arenosos, aunque se minimiza el riesgo de encharcamiento, suele haber deficiencias de nutrientes como fósforo. En este caso, Berhongaray sugirió que «es fundamental acompañar con una fertilización adecuada para garantizar un buen rendimiento». Así, la alfalfa se adapta mejor a suelos con buena estructura y drenaje, siendo una opción ideal incluso en condiciones de sequía extrema. 

Beneficios de la alfalfa para la fertilidad del suelo 

Más allá de sus exigencias, la alfalfa puede tener un impacto positivo en la fertilidad del suelo a través de diversos mecanismos. Este cultivo es capaz de capturar carbono y mejorar la estructura del suelo, lo que contribuye a la sostenibilidad de los sistemas agrícolas. Sin embargo, Berhongaray remarcó que no es solo la planta en sí la que genera estos efectos beneficiosos, sino también el manejo adecuado del cultivo. «El manejo es muy importante», señaló, haciendo hincapié en la necesidad de prácticas agronómicas integradas para maximizar los aportes de la alfalfa al sistema productivo. 

Adaptabilidad en contextos extremos 

En condiciones de sequía, la alfalfa demuestra ser una de las pocas especies capaces de mantenerse productiva. «En lotes donde todo lo demás se perdía, la alfalfa era lo único que seguía en pie», comentó Berhongaray, destacando su resistencia frente a situaciones adversas. Este comportamiento la convierte en una alternativa valiosa para zonas con limitaciones hídricas, siempre que se elijan suelos adecuados y se realicen las prácticas de manejo necesarias. 

Claves de manejo

La charla dejó claros algunos mensajes clave para los productores. La alfalfa es una planta altamente exigente que requiere los mejores suelos y un manejo cuidadoso para expresar su máximo potencial. No tolera suelos anegados ni con baja permeabilidad, pero se adapta bien a suelos arenosos y pobres en nutrientes si se acompaña con una fertilización estratégica. Por otro lado, el cultivo no solo extrae recursos del suelo, sino que, manejado adecuadamente, contribuye a su regeneración y mejora a largo plazo.