En el marco de la Expo Ganadera del Centro, realizada en la ciudad de Córdoba, Ganadería y Negocios dialogó con Gustavo “Lacha” Lazzari sobre el proceso de reorganización que atraviesa la Argentina y los desafíos que enfrentan empresas y productores ante un escenario económico diferente. El empresario puso el foco en la competitividad y advirtió que no se puede exigir a una pyme que alcance de un día para otro los estándares internacionales cuando todavía enfrenta dificultades de financiamiento, costos y una insuficiente provisión de bienes públicos. Frente a este escenario, su recomendación es revisar a fondo cada negocio, no paralizar las decisiones por la incertidumbre política y prepararse para competir en una economía más estable y abierta.
De una economía cerrada hacia una economía de mayor competitividad
Para Lazzari, el punto central es entender dónde está parada actualmente la Argentina y hacia dónde pretende dirigirse. “Estamos en un punto de salida con bajos niveles de competitividad, con una economía cerrada que ajustamos por inflación, acostumbrados así hace décadas, y vamos a un punto de llegada de máxima competitividad”, explicó.
Ese punto de llegada implica comenzar a jugar con parámetros internacionales y prestar especial atención a las transformaciones que están ocurriendo en los mercados. Nuevos consumidores, nuevas exigencias y una mayor integración con el mundo forman parte de ese escenario. Sin embargo, entre la situación actual y aquella meta existe una transición que, según Lazzari, inevitablemente será compleja.
“Hoy lo que estamos pasando son los primeros estadíos de esa durísima transición”, señaló. Por eso consideró equivocado calificar automáticamente de ineficiente a una empresa que hoy encuentra dificultades para competir. “Yo no puedo decirle a un empresario: ‘usted es ineficiente’. No, usted está en el medio de la transición. Va a ser ineficiente si en el punto de llegada no se adapta”, diferenció.

Crédito, infraestructura y reformas para acompañar la transición
El problema, explicó Lazzari, es que las empresas no comienzan esta transformación desde condiciones ideales. Muchas llegan con dificultades acumuladas durante años, poco acceso al crédito y falencias estructurales que exceden las decisiones que puede tomar individualmente un empresario.
“El tipo arranca con malos créditos o sin crédito, arranca con un legado complicado, arranca sin apoyo y sin una buena provisión de bienes públicos por parte de Nación, provincia y municipio. Entonces, no tiene todas las herramientas para trabajar”, afirmó.
Por esa razón, considera indispensable acelerar las reformas en los distintos niveles del Estado, pero también en el sistema financiero. Alcanzar mayores niveles de competitividad no dependerá exclusivamente de la capacidad de adaptación individual de las empresas.
“Acá hay que darle crédito y apoyo al tipo que quiere jugar el nuevo partido porque solito no va a pegar el salto”, sostuvo. Para Lazzari, el camino que separa el modelo económico conocido durante décadas del nuevo escenario es “muy pedregoso”, y eso explica buena parte de las dificultades que atraviesan actualmente las empresas.
El “retiro espiritual” que propone a empresarios y productores
Ante la pregunta sobre qué debería hacer una pyme de cara a los próximos meses, Lazzari propuso comenzar por algo que definió como un “retiro espiritual”. Se trata, concretamente, de abstraerse por un momento de la coyuntura y analizar con detenimiento los números y fundamentos del propio negocio.
“Encerrate en un lugar tranquilo, sin el celular, a pensar económicamente tu negocio: si te gusta, si te apasiona, si es rentable, si está bien lo que estás haciendo”, recomendó. Ese ejercicio, sostuvo, probablemente permita detectar recursos que se utilizan de más, productos o actividades que perdieron atractivo y unidades del negocio que terminan subsidiando a otras.
El paso siguiente es realizar una evaluación financiera. Una actividad puede ser rentable desde el punto de vista económico y, sin embargo, no generar los fondos suficientes para cubrir gastos fijos o compromisos financieros. En ese caso, indicó, habrá que evaluar alternativas como incorporar un socio o conseguir nuevo financiamiento.
La competitividad, además, obliga a prestar atención a esos detalles porque una economía estable cambia la lógica con la que muchas empresas funcionaron durante períodos de alta inflación. “La competencia no te la perdona, la estabilidad no te la perdona”, sintetizó Lazzari.
La incertidumbre política y una decisión: no detener la producción
Otro de los puntos abordados fue el impacto que tienen los procesos electorales sobre las decisiones empresariales. Para Lazzari, la política tiene importancia porque puede determinar la continuidad o modificación del rumbo económico, pero eso no debería llevar a empresarios y productores a paralizar sus proyectos cada vez que aparece una elección en el horizonte.
Su planteo adquiere una dimensión particular en la ganadería, donde los ciclos biológicos obligan a trabajar con horizontes mucho más largos que los tiempos electorales. Una decisión reproductiva tomada hoy tendrá resultados económicos varios meses después y, en algunos casos, atravesará diferentes escenarios políticos.
“Hoy están haciendo un ternero o están preñando una vaca cuyo ternero va a dar plata recién después de la elección”, ejemplificó. Y recordó una característica histórica de la producción argentina: “Argentina está acostumbrada a sembrar con un ministro y cosechar con otro, preñar una vaca con un ministro y venderla con otro presidente”.
Por eso, su mensaje hacia quienes producen y, particularmente, hacia los jóvenes que están comenzando su primera etapa productiva es evitar que el calendario político se transforme en un freno permanente.
“El temor no es un buen consejero”
Lazzari reconoce que el proceso de transformación será exigente. Precisamente por eso plantea que el desafío no consiste en negar las dificultades sino en determinar si el camino de reformas conduce hacia una economía capaz de alcanzar mayores niveles de competitividad.
Para las empresas, eso significa revisar costos, analizar productos, detectar ineficiencias, estudiar la situación financiera y entender cómo cambiará la forma de competir. Para el sector público y financiero, supone generar condiciones que permitan que quienes estén dispuestos a invertir y adaptarse puedan hacerlo.
En el caso de la ganadería, además, los tiempos propios de la actividad dejan poco margen para detener decisiones esperando que desaparezca la incertidumbre. Los ciclos productivos continúan y obligan a pensar en el mediano y largo plazo.
La conclusión de Lazzari fue directa: “Yo no detendría el mundo y no le daría ese mensaje de ‘detengamos el mundo’ a pibes que están empezando su primera etapa productiva”. Y cerró con una definición para quienes deben decidir en un escenario de transformación: “El temor no es un buen consejero”.
