El debate sobre el aporte obligatorio al IPCVA volvió a poner bajo la lupa qué hace el Instituto y qué recibe la cadena a cambio de los recursos que aporta. En medio de esa discusión, Ganadería y Negocios conversó con el presidente del organismo, Georges Breitschmitt, durante una jornada realizada junto con UNCOGA en Humboldt. Sin plantearlo como una respuesta a la controversia, sus definiciones permiten recorrer algunos de los argumentos con los que el Instituto explica su función: trabajar sobre la producción, promocionar la carne argentina y sostener estrategias cuyos resultados muchas veces necesitan años para hacerse visibles.
La conversación ocurrió, además, en un escenario bastante alejado de las grandes ferias internacionales que suelen asociarse con las acciones más visibles del IPCVA.
Fue en el feedlot de UNCOGA, en Humboldt, en plena cuenca lechera santafesina, durante una jornada que combinó exposiciones técnicas y recorridas a campo.
“Estamos trayendo un poco las actividades que hace el IPCVA tierra adentro, para lo que es el mercado interno y para las necesidades de aumentar la producción de carne”, explicó Breitschmitt.

Del mercado a la producción
La actividad reunió una agenda diversa. Trazabilidad, utilización de datos, producción de carne a partir de animales provenientes de la lechería, feedlot de Holando y exigencias de los mercados europeos formaron parte de las presentaciones.
Luego, las exposiciones teóricas dieron paso a las recorridas a campo para observar parte de esos procesos en el propio establecimiento.
El escenario resulta interesante frente a una pregunta que apareció repetidamente durante el reciente debate sobre el IPCVA: ¿qué relación tiene el trabajo del Instituto con el productor y con la producción primaria?
La jornada de Humboldt ofrece al menos una respuesta concreta sobre una de sus líneas de acción. El IPCVA no trabaja solamente en promoción comercial o presencia internacional. También participa en actividades orientadas a generar y difundir información que pueda contribuir a producir más carne y hacerlo con mayores niveles de eficiencia.

“La mejor carne del mundo no se vende sola”
Pero producir es solamente una parte del desafío.
Consultado sobre la importancia de la promoción, Breitschmitt recurrió a una comparación internacional.
“El IPCVA nace un poco a semejanza de institutos que ya existían en otros países: INAC de Uruguay, MLA de Australia, Beef Checkoff de Estados Unidos, por nombrar algunos”, señaló.
La idea que siguió probablemente sintetice buena parte de su visión.
Tener un buen producto no alcanza
“Si bien tenemos la mejor carne del mundo, no es que se vende sola. Hay que salir a promocionarla, hay mucha competencia”, afirmó.
Para Breitschmitt, el reconocimiento internacional de la carne argentina constituye una ventaja, pero no garantiza por sí mismo los mercados.
“La etiqueta de mejor carne nos ayuda. Tenemos un plus, pero no hay que dormirse en los laureles y tenemos mucho trabajo por delante”, agregó.
La promoción aparece así no solamente como una herramienta destinada a vender aquello que Argentina ya produce, sino como parte de una competencia permanente por consumidores y mercados.
Una herramienta para toda la cadena
Breitschmitt introdujo entonces otro concepto que resulta particularmente relevante en la discusión actual.
“El IPCVA cumple ese rol de políticas públicas para toda la cadena”, sostuvo, y recordó que dentro de su estructura participan tanto representantes de la producción como de la industria.
La definición abre una cuestión que excede la promoción.
Una cadena ganadera puede tener productores intentando mejorar sus índices, frigoríficos buscando eficiencia industrial y empresas tratando de colocar sus productos. Pero existen acciones cuyos resultados no necesariamente pueden ser apropiados por quien realiza individualmente la inversión.
Mercados que llevan años
La apertura de un mercado es un buen ejemplo.
Breitschmitt reconoció que la decisión formal finalmente corresponde al Estado, pero señaló que detrás de ese resultado existe un trabajo previo de prospección y construcción que puede extenderse durante años.
Mencionó particularmente el caso de China.
El trabajo que terminó contribuyendo al desarrollo de ese mercado atravesó distintas presidencias del IPCVA. Hoy China constituye uno de los principales destinos de la carne vacuna argentina.
Ese recorrido permite introducir una característica de las políticas institucionales: sus resultados no siempre coinciden temporalmente con quienes las iniciaron.
Instituciones que atraviesan gestiones
En ese punto aparece uno de los argumentos centrales alrededor del valor de la institucionalidad.
Una estrategia de mercado puede comenzar bajo una conducción, continuar con la siguiente y mostrar resultados varios años después. Lo mismo puede ocurrir con una investigación, la construcción de una imagen de producto o el desarrollo de relaciones comerciales.
Breitschmitt mencionó también trabajos vinculados con la salvaguardia de China, las exigencias europeas sobre deforestación y los resultados obtenidos en la cuota suplementaria para el mercado estadounidense.
Son asuntos diferentes, pero comparten una característica: requieren conocimiento, relaciones y continuidad.
Y esa continuidad difícilmente pueda evaluarse mirando solamente una acción aislada.

El ruido alrededor del IPCVA
La conversación llegó inevitablemente al debate de las últimas semanas sobre el Instituto y su financiamiento.
Breitschmitt eligió una definición fuerte.
“Siempre digo que están esas minorías ruidosas que no se llegan a compensar con esa multitud de gente que está de acuerdo con el Instituto porque no se manifiesta tal vez”, afirmó.
Es una interpretación del presidente del IPCVA sobre la magnitud de los cuestionamientos y, como tal, forma parte del debate. La expresión describe la percepción de Breitschmitt sobre el peso relativo de quienes cuestionan al Instituto. Pero la intensidad de esos cuestionamientos también plantea un desafío. Aun cuando provinieran de una porción minoritaria de la cadena, entender sus razones puede servir para identificar qué acciones no se conocen, qué resultados no se perciben o qué aspectos necesitan explicarse mejor.
Pero inmediatamente agregó cuál pretende que sea la respuesta del Instituto.
“Contestar con agenda, trabajo y resultados”
“Queremos contestar con agenda, con trabajo y sobre todo con resultados”, sostuvo.
La expresión resulta probablemente más interesante que la discusión acerca de cuántos están de un lado o del otro.
Porque allí aparece uno de los interrogantes que acompañaron el debate desde su comienzo: cómo debe demostrar una institución financiada por la propia cadena que los recursos aportados están contribuyendo a objetivos que esa cadena necesita.
Breitschmitt enumera mercados, negociaciones y actividades. Y también invita a productores y actores del sector a consultar la información publicada por el Instituto sobre sus acciones.
Hacer, mostrar y explicar
Ese último punto conecta directamente con otra cuestión.
El IPCVA desarrolla actividades muy diferentes entre sí. Puede participar de una feria internacional, estudiar consumidores, trabajar sobre exigencias ambientales de un mercado o realizar una jornada sobre producción ganadera en un feedlot santafesino.
Para quien observa cada actividad por separado, la relación entre unas y otras puede no resultar evidente.
El desafío no parece ser solamente hacerlas ni tampoco enumerarlas.
Es explicar qué propósito las conecta.
De Humboldt a los mercados
La jornada realizada junto con UNCOGA ofrece un ejemplo bastante tangible.
Trabajar sobre trazabilidad, datos, producción de Holando o eficiencia en feedlot apunta a la capacidad de producir y responder a determinadas exigencias.
Promocionar la carne argentina y prospectar mercados apunta a construir demanda y oportunidades para esa producción.
Una parte trabaja sobre la oferta. La otra, sobre la demanda.
Y entre ambas aparece la capacidad de una cadena para transformar oportunidades comerciales en producción y valor.
Una discusión que sigue abierta
La conversación con Breitschmitt no clausura el debate sobre el IPCVA, ni debería hacerlo.
Persisten productores y entidades que cuestionan la obligatoriedad del aporte y reclaman conocer con mayor precisión cómo se utilizan los recursos y qué resultados generan. También existen organizaciones que defienden la continuidad de la herramienta y consideran que una institución común permite sostener acciones que los integrantes de la cadena difícilmente desarrollarían individualmente.
Son posiciones que seguirán discutiéndose.
Pero la jornada de Humboldt y las palabras del presidente del Instituto permiten agregar elementos a esa discusión.
El interrogante no pasa solamente por cuánto se aporta ni por enumerar cuántas actividades realiza el IPCVA.
Pasa también por comprender para qué se realizan, cómo se relacionan entre sí y qué resultados permiten construir a lo largo del tiempo.
Porque producir más carne requiere productores capaces de hacerlo.
Venderla mejor requiere consumidores y mercados dispuestos a valorizarla.
Y entre una cosa y la otra existe una cadena que necesita transformar ambas capacidades en un negocio sostenible.
Quizás allí esté una de las preguntas más interesantes que deja abierto el debate actual: qué cosas necesita hacer esa cadena en conjunto que ninguno de sus integrantes podría construir con la misma capacidad actuando por separado.
