El Acuerdo Mercosur-Unión Europea representa una oportunidad histórica para la producción argentina, aunque su verdadero impacto dependerá de la capacidad de integrar productores, industria y políticas públicas. Esa fue la principal conclusión del Seminario organizado por CARSFE, cuyas reflexiones finales estuvieron encabezadas por Berardo Vignatti y Carlos Castagnani.
La posibilidad de acceder a nuevos mercados ya no aparece como una discusión lejana. Después de años de negociaciones, el Acuerdo Mercosur-Unión Europea comienza a instalar un nuevo escenario para las cadenas agroindustriales, donde la competitividad no dependerá solamente del volumen producido sino también de la capacidad para agregar valor, profesionalizar procesos y responder a consumidores cada vez más exigentes.
Con esa mirada concluyó el Seminario organizado por la Confederación de Asociaciones Rurales de Santa Fe (CARSFE), una jornada que reunió a representantes de la producción primaria, la industria, el comercio y distintos niveles del Estado para analizar cómo prepararse frente a este nuevo contexto.
El Acuerdo Mercosur-Unión Europea exige una estrategia común
Para Berardo Vignatti, presidente de CARSFE y principal impulsor del encuentro, el mayor logro de la jornada fue haber reunido a todos los actores que intervienen en la cadena agroindustrial para discutir una agenda común.
«Fue un cierre de seminario muy bueno, no solamente por la calidad del material presentado, sino por haber reunido a los diferentes sectores: producción primaria, industria, comercio y la parte política. Ese es el camino para aprovechar las oportunidades que vienen.»
Según explicó, el Acuerdo Mercosur-Unión Europea representa mucho más que una mejora comercial. Constituye un cambio de paradigma que obligará a toda la cadena a trabajar con una visión compartida.
El dirigente sostuvo que Santa Fe posee condiciones particularmente favorables para transformarse en una de las provincias que más beneficios obtenga de este nuevo escenario, gracias a su perfil exportador y a la fortaleza de su entramado agroindustrial.
Agregar valor será la verdadera diferencia
Durante su análisis, Vignatti remarcó que el crecimiento no puede limitarse a incrementar los volúmenes de producción.
«Debemos pensar no solamente en generar cantidad. También es importante generarle valor agregado a esa producción.»
En ese sentido destacó uno de los conceptos desarrollados durante el seminario: la necesidad de profesionalizar cada etapa de la cadena.
La incorporación de tecnología, la mejora de los procesos industriales, la trazabilidad, la diferenciación de productos y el cumplimiento de estándares internacionales aparecen como herramientas indispensables para acceder a mercados cada vez más competitivos.
Desde esa perspectiva, el acuerdo comercial deja de ser únicamente una noticia diplomática para transformarse en un desafío productivo que involucra a productores, frigoríficos, industrias alimenticias, exportadores y organismos públicos.
Producción e industria, una alianza necesaria
Carlos Castagnani, presidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), coincidió con ese diagnóstico y destacó que uno de los mayores aportes del seminario fue derribar una antigua división entre el campo y la industria.
«Siempre quizás se tomó como rivales al productor y a la industria. Todo lo contrario: tenemos que trabajar juntos para poder exportar y responder a la demanda de los mercados internacionales.»
El dirigente consideró que esa integración será imprescindible para consolidar una estrategia exportadora sostenible.
Además, señaló que el acompañamiento de las políticas públicas resulta fundamental para generar previsibilidad e incentivar inversiones que permitan industrializar la materia prima y aumentar el valor agregado dentro del país.
«Con una política exportadora que apoye a la parte productiva y promueva la industrialización de nuestra materia prima, Argentina puede dar un gran salto.»
Un desafío que recién comienza
Las conclusiones del Seminario CARSFE muestran que el debate ya no gira exclusivamente alrededor de la firma del Acuerdo Mercosur-Unión Europea.
La verdadera discusión pasa por cómo transformar esa oportunidad en crecimiento económico, empleo e inversiones para toda la cadena agroindustrial.
En ese camino, la articulación entre producción primaria, industria, comercio y Estado aparece como el principal desafío.
Las reflexiones de Berardo Vignatti y Carlos Castagnani coinciden en un punto central: abrir mercados constituye apenas el primer paso. El verdadero éxito dependerá de la capacidad del país para producir con mayor eficiencia, incorporar innovación, generar valor agregado y responder a una demanda internacional que exige cada vez más calidad, sustentabilidad y profesionalismo.
