El acuerdo Unión Europea Mercosur para la agroindustria abre nuevas oportunidades de exportación para la producción argentina mediante la reducción gradual de aranceles. Sin embargo, especialistas advierten que el verdadero desafío será mejorar la competitividad, aumentar la escala productiva e impulsar inversiones de largo plazo.

La posibilidad de acceder a nuevos mercados ya no depende únicamente de la demanda internacional. Cada vez resulta más importante que las cadenas productivas logren ser eficientes, integradas y competitivas. En ese contexto, el acuerdo Unión Europea Mercosur para la agroindustria aparece como una oportunidad estratégica para transformar la producción y generar un crecimiento sostenido de las exportaciones argentinas.

Durante el Seminario de CARSFE, Ernesto O’Connor, especialista económico de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), analizó el alcance del entendimiento entre ambos bloques y sostuvo que el desafío comienza mucho antes de que desaparezcan los aranceles.

El acuerdo abre oportunidades, pero exige preparación

El especialista explicó que el proceso de desgravación será gradual y permitirá que, con el paso de los años, más productos puedan ingresar al mercado europeo con menores costos comerciales.

«Las oportunidades son que de acá a diez años se van a abrir más cupos y se van a desgravarse hasta cero. Eso hay que aprovecharlo, sobre todo para la producción agropecuaria y agroindustrial», afirmó.

Según O’Connor, el acuerdo Unión Europea Mercosur para la agroindustria debe interpretarse como una política de largo plazo. La apertura comercial genera previsibilidad para quienes decidan invertir hoy pensando en ampliar su capacidad exportadora durante la próxima década.

Competitividad: el desafío que depende de Argentina

El economista diferenció claramente los factores externos de aquellos que sí pueden modificarse desde el propio sector productivo.

Entre los condicionantes mencionó las retenciones, la presión impositiva, la infraestructura vial, los costos logísticos, el tipo de cambio y las tasas de interés. Todos ellos influyen directamente sobre la competitividad de la producción argentina.

Sin embargo, sostuvo que existe un amplio margen para trabajar dentro de las cadenas de valor.

«Lo que sí manejamos es lo que podemos hacer como cadena de valor integrada con la industria, los servicios, la logística, la biotecnología, las universidades y los centros tecnológicos.»

Para el especialista, ese trabajo conjunto será determinante para que el acuerdo Unión Europea Mercosur para la agroindustria genere beneficios concretos para productores e industrias.

Invertir hoy para producir más mañana

Uno de los principales mensajes estuvo dirigido a los productores agropecuarios.

O’Connor consideró que el nuevo escenario comercial puede convertirse en un incentivo para aumentar inversiones, diversificar la producción e incrementar la productividad de los establecimientos.

«El productor tiene la oportunidad de decir: invierto hoy porque sé que en unos años voy a poder exportar más.»

Ese horizonte de mediano plazo requiere asumir riesgos, aunque también implica construir una posición más sólida frente a una demanda internacional que continuará creciendo para los alimentos de calidad.

La inversión, explicó, no solamente aumenta la producción sino que mejora la capacidad de toda la cadena para responder a mercados cada vez más exigentes.

La escala productiva sigue siendo una deuda pendiente

Otro de los conceptos centrales fue la necesidad de ganar escala para competir con otros países del Mercosur.

O’Connor comparó la realidad argentina con Brasil, Uruguay y Paraguay, señalando que esos países lograron desarrollar sistemas productivos con mayor volumen relativo.

«La escala es decisiva. Argentina produce poco de muchas cosas. En carne vacuna tenemos un potencial enorme.»

El especialista recordó que decisiones de política económica tomadas años atrás limitaron el crecimiento del rodeo nacional y condicionaron la oferta exportable.

En su análisis, incrementar la producción será una condición indispensable para aprovechar plenamente las ventajas que ofrecerá el acuerdo comercial durante los próximos años.

Un proceso que trasciende a los gobiernos

Más allá del escenario político interno, O’Connor destacó que el entendimiento entre la Unión Europea y el Mercosur constituye un marco supranacional que brinda previsibilidad para planificar inversiones.

También anticipó una mayor complementariedad entre producción primaria, industria y comercio exterior a medida que disminuyan las distorsiones que afectan los precios dentro de la cadena.

El especialista concluyó que la oportunidad está disponible, pero dependerá de la capacidad del sector para organizarse, invertir y producir más. En ese camino, el acuerdo Unión Europea Mercosur para la agroindustria puede convertirse en una herramienta clave para fortalecer la competitividad argentina y consolidar una inserción internacional más dinámica.