En la charla que brindó en la ExpoAlfa 2024, el Ingeniero en Recursos Hídricos Roberto Marano destacó la importancia de la gestión del agua en la producción de alfalfa, un cultivo clave para la ganadería argentina. Marano, con una visión crítica sobre el manejo actual de los recursos hídricos, invitó a los productores a reflexionar sobre la necesidad de incorporar tecnología para optimizar el uso del agua. Su mensaje fue claro: pensá en el riego, no solo como una cuestión técnica, sino como una estrategia fundamental para mantener la alfalfa como la «reina de las leguminosas» en el país.

¿Por qué pensar en el riego?
La principal razón por la que los productores deben empezar a pensar seriamente en el riego, según Marano, es la inversión creciente en tecnología agrícola. En los últimos años, los tamberos y productores agropecuarios han incorporado maquinaria de última generación, como robots y equipos de precisión, para mejorar sus rendimientos. Sin embargo, Marano observó que el manejo del agua sigue siendo, en muchos casos, una práctica dependiente de la suerte: se espera que la lluvia solucione los problemas de sequía. Este enfoque, según Marano, ya no es sostenible ni eficiente.
El cambio de mentalidad: no solo esperar la lluvia
El cambio de mentalidad que propone Marano implica dejar atrás la dependencia de las lluvias y comenzar a considerar el agua como un recurso gestionable. «En provincias como Córdoba, a pesar de tener hasta 300 mm menos de lluvia que otras regiones, ya han modificado su enfoque y han mejorado su gestión del agua», destacó el especialista. Este tipo de estrategias de riego eficiente, como la acumulación de agua de lluvia y su aprovechamiento en momentos de déficit hídrico, son fundamentales para asegurar una producción continua y sostenible, tanto para la alfalfa como para otros cultivos.
La importancia de aprovechar el agua superficial
Uno de los principales puntos que Marano subrayó en su presentación fue la necesidad de aprovechar no solo los acuíferos, sino también el agua superficial proveniente de las lluvias. El escurrimiento de esta agua, que generalmente se pierde en vez de infiltrarse, es un desafío para las cuencas hidrográficas, pues genera inundaciones en zonas bajas. Según el ingeniero, el desafío es aprovechar este escurrimiento, acumulando el agua para que pueda ser utilizada en épocas de sequía.
Conflictos por el manejo del agua: un problema recurrente
Marano también recordó los años de abundantes lluvias, cuando los conflictos entre productores por la gestión del agua fueron muy notorios. Las inundaciones generadas por el exceso de agua en las cuencas causaron graves problemas a miles de kilómetros de distancia de los ríos principales, como el Paraná. Ante esta situación, los intentos por construir canales más profundos para evacuar el agua resultaron insuficientes y poco prácticos, pues no es posible resolver de manera física el escurrimiento de grandes volúmenes de agua.
Tecnología de riego: la clave para la producción sostenible
Para cambiar esta situación, el uso de tecnología de riego eficiente es fundamental. Marano destacó que existen diversas opciones de riego, como el riego por aspersión, por gravedad o enterrado, que se adaptan perfectamente a la producción de alfalfa. Estas tecnologías permiten almacenar y distribuir el agua de manera más equitativa y eficiente, garantizando una producción continua, incluso en períodos de déficit hídrico.
Una producción que enfrenta los desafíos climáticos
Marano concluyó su charla destacando que el objetivo final es lograr una producción sostenible. «El productor debe estar preparado para afrontar los baches climáticos, como las sequías y las lluvias excesivas», dijo. La clave, según el ingeniero, radica en la adaptación tecnológica: pensar en el riego de forma estratégica para asegurar el futuro de la alfalfa y otros cultivos que dependen del agua, asegurando que la producción agrícola sea viable incluso frente a los desafíos climáticos cada vez más impredecibles.
Hacia un futuro con riego eficiente
El mensaje final de Marano fue claro: el futuro de la agricultura en Argentina depende de un manejo más eficiente del agua. No se trata solo de gestionar el riego en el presente, sino de pensar en el largo plazo, utilizando tecnologías que permitan a los productores enfrentar tanto las sequías como los excesos de lluvia, para mantener la alfalfa como un cultivo clave en la producción ganadera del país.
