Casi diez meses transcurrieron desde que se desató el feroz conflicto entre el sindicato lechero y la cooperativa. Un período en el cual sólo se logró demorar la recuperación de la empresa. Al modo de «¡Habemus Papa!», ya podemos afirmar que hubo fumata blanca en Sunchales.
Pasó mucho -y no sólo tiempo- desde aquel lejano 17 octubre de 2023, cuando el sindicato Atilra decidió comenzar las medidas de fuerza que derivaron en uno de los conflictos más extendidos en la historia del sector y del sindicalismo argentino. Hubo paralización de actividades con el formato de «asambleas», bloqueos a plantas, derrame de leche, decomiso de productos, peleas, agresiones entre trabajadores, a periodistas, policías en la planta de Sunchales y cuanto desmán uno pueda imaginar en las instalaciones y el equipamiento.
El principio del cambio
Tanta virulencia parece haber llegado a su fin. Los propios trabajadores fueron quienes inclinaron la balanza en favor del mantenimiento de la empresa al retomar sus tareas en cuatro de las plantas industriales de la cooperativa. Después de más de dos meses de paralización casi absoluta, en proximidad de la Navidad, llegó la orden de la conciliación obligatoria. A su término, los empleados fueron quienes dijeron ¡Basta! y se negaron a continuar con las medidas de fuerza y volvieron al trabajo.
Tímidamente, fueron las plantas de Gálvez y La Carlota las que iniciaron la labor. Luego se sumaron en Devoto y Balnearia. Sólo quedó Sunchales, la planta industrial más importante y también sede de la administración y casa central de SanCor.
Fue donde se concentró la mayor parte de la renuencia a volver al trabajo, aunque con el paso del tiempo y con medidas que garantizarían la integridad de las personas y los bienes, algunos -la mayoría en realidad-, volvieron a sus puestos.
Un grupo relativamente reducido se mantuvo en sus trece e impidió, de manera sistemática, que las calderas funcionaran y que a partir de eso, no se pudiera procesar leche en polvo, leche UAT, dulce de leche y fórmulas infantiles.
La fumata blanca
Hoy, todo eso parece haber quedado atrás, a partir de la firma de un convenio que venía anunciado pero demorado, y que se produjo en la tarde de este martes 6. Sucede que en la Argentina de hoy -y desde hace mucho tiempo-, es difícil estructurar financiación para actividades productivas. Si bien eso había sido advertido de manera específica por la cooperativa al realizar una propuesta tiempo atrás: todo estaba supeditado a que se garantizaran los fondos necesarios para llevar adelante la iniciativa.
Hay que recordar que quienes SI trabajan, desde hace dos meses están cobrando su sueldo íntegro, de acuerdo a lo que establece el convenio colectivo del sector.
Finalmente, la propuesta está dirigida a aquellos empleados que mantenían su posición de no trabajar, y por ende, no cobraban. Ahora lo harán y por lo tanto se estableció una recuperación de sus ingresos, que al parecer -y de acuerdo a la información que el propio gremio divulgó-, tendrá arranque durante este mes de agosto y entregas de cierta importancia hasta noviembre inclusive. Luego, los importes se reducirán y se extenderán por un plazo predeterminado. A la vez, el sindicato les cobrará a sus afiliados el dinero que les entregó, en mano y sin trazabilidad, para que no abandonaran la medida de fuerza.
Los pasos que vienen
Aún así, lo más importante es que parece que este capítulo negro de la lechería queda atrás. Lo que viene es la recuperación empresarial que se vio interrumpida. Al momento en que todo comenzó, la cooperativa exhibía buenos resultados operativos, pero no conseguía aportantes para consolidar la marcha y retomar el crecimiento.
Según se dijo desde fuentes de la propia empresa, se estableció un diálogo con «inversores nacionales y extranjeros» dispuestos a participar de la actividad. Si bien es todo auspicioso, lo cierto es que estos procesos llevan tiempo hasta que se establecen objetivos, se realizan análisis y se constituyen las herramientas financieras y legales que den seguridad a las partes.
A partir de la inminente puesta en marcha de la planta de Sunchales, es posible que se incremente la producción en un plazo relativamente corto y eso contribuya al buen ánimo, algo que era imprescindible para torcer el camino de una historia que ahora genera una sensación de creciente tranquilidad.
