Juan José Bahillo fue secretario de Agricultura en el gobierno anterior. Su gestión será seguramente de las más olvidadas en la historia del sector agropecuario. La falta absoluta de logros para exhibir, la anomia frente a los desafíos que presentó el sector y la incapacidad para aplicar mínimas herramientas de gestión fueron el común denominador. Y ahora, mágicamente, resurge con una voz y un tono que nadie le conocía exigiendo cambios en el sector. FARER, de la misma provincia de la que es oriundo Bahillo, exhibe su rechazo a tanto descaro.

El comunicado de FARER en respuesta a Bahillo

La Federación de Asociaciones Rurales de Entre Ríos (FARER) ha asistido azorada a las recientes declaraciones de Juan José Bahillo, ex secretario de Agricultura de Alberto Fernández, quien se pronunció a favor de la eliminación de los derechos de exportación.

Sin duda alguna ese pedido va en consonancia con el viejo reclamo de las entidades agropecuarias, ya que dichas retenciones solo conllevan atraso, retracción de la economía, disminución del empleo y la inversión, lo que equivale a un cóctel ideal para el estancamiento y la marginalidad.

Pero lo que en este caso resulta insólito es que la solicitud venga de boca de un funcionario del pasado kirchnerista que no hizo absolutamente nada para que ello ocurriera durante su mandato.

Tal vez Bahillo se haya olvidado del pedido recurrente de reglas claras y previsibilidad; la disminución de la presión tributaria y, precisamente, la eliminación de los DEX que su gobierno nunca atendió. Tampoco es cierto -y no podemos dejarlo pasar-, cuando dice que durante su gestión la rentabilidad del productor fue buena, hecho que supuestamente justificaba la permanencia de las retenciones. Esta afirmación es un claro ejemplo del relato deformante que cubrió con su manto todos los gobiernos kirchneristas.

Por todo lo expuesto, sería prudente que el ex secretario K no tergiverse la realidad ni quiera llevar agua para su molino, justamente en un momento donde los ánimos de los productores están por el piso ante una nueva sequía que pone en jaque su supervivencia productiva. Ante este panorama, el silencio es salud.