Tal como se venía anticipando, el lunes 27 de noviembre dejó de funcionar la planta industrial de SanCor en la localidad santafesina de San Guillermo. Quedan muchas familias sin trabajo de manera indefinida.
Un poco de historia
La planta de SanCor en San Guillermo fue establecida hace muchos años. De hecho, la cooperativa compró esas instalaciones en el año 1956, y la producción en el lugar era la manteca. Con el paso del tiempo, allí se empezó a elaborar dulce de leche y ¡caramelos de dulce de leche!. Luego se convirtió en planta quesera, con la producción de especialidades.
La inversión más grande y significativa se produjo a mediados de los años ’90, cuando la cooperativa se embarcó en un plan de reestructuración industrial y comercial, y en el lugar se produjo la automatización de muchos de los procesos productivos.
Hace 3 años, como consecuencia de la falta de suficiente cantidad de materia prima para elaborar por SanCor, la decisión fue destinar la leche recibida a productos con mayor valor agregado y rentabilidad, y por lo tanto fue destinada a otras plantas industriales. Eso significó el cierre de las instalaciones de San Guillermo y el personal que allí trabajaba quedó, en la mayoría de los casos, bajo el régimen de «Jornadas Libres», un mecanismo contemplado en la legislación laboral.

Reactivación productiva
En junio de 2023, en asociación con una firma de carácter regional, Aristeo S.A., se volvió a producir.
Fueron, en un inicio, aproximadamente 30 mil litros diarios de leche y 15 empleados los que retomaron la labor.
La comunicación de SanCor, en ese momento, decía:
«Especializada en la producción de quesos blandos y con una capacidad instalada de 180 toneladas mensuales, vuelve ahora a elaborar a partir de un convenio comercial establecido con la firma Aristeo S.A., de inserción regional, mediante el aporte de materia prima de la zona y con producción bajo los estándares de calidad de SanCor.
En una primera etapa se habrá de cubrir alrededor del 30% de la capacidad instalada, volumen que se irá incrementando en la medida que se estabilice el proceso productivo industrial, aumente el caudal de materia prima y se asegure la colocación comercial de los productos allí elaborados.»
En efecto, en pocos meses el volumen de materia prima producida se duplicó y la cantidad de empleados, al momento de iniciar el conflicto, llegaba a 26. La expectativa creada al reiniciar las tareas se vio cumplida con creces y se esperaba que la producción y el empleo siguieran creciendo con el tiempo. La colocación de productos en el mercado era muy positiva y eso alentaba la producción.
El conflicto con ATILRA
En una clara demostración de poder, la conducción del gremio que nuclea a los trabajadores de la industria lechera, ATILRA, inició un plan de acción contra SanCor.
Si bien el argumento sindical se basa en temas salariales, el verdadero propósito del titular del sindicato, Héctor Ponce, según expresiones que se le atribuyen, es hacer caer la empresa cooperativa y comenzar a operar sus activos. La firme decisión de los cooperativistas nucleados en SanCor fue dar por concluido el proceso de constitución de un fideicomiso administrativo que se venía gestionando y del cual ATILRA pretendía participar.
Fue esa determinación la que hizo enardecer a los gremialistas, que sin embargo no explican, según un comunicado emitido por la cooperativa, por qué avalaban el plan de negocios del fideicomiso por el cual 1000 trabajadores quedarían en la calle y sin ninguna cobertura económica.
