En los últimos meses, la ganadería comenzó a recuperar terreno en regiones históricamente dominadas por la agricultura, especialmente en provincias como Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires. Este fenómeno marca el regreso de los sistemas mixtos, donde conviven cultivos y producción ganadera.
Del monocultivo al sistema integrado
Durante años, el avance de la soja desplazó a la ganadería hacia zonas marginales. Sin embargo, el nuevo escenario económico y productivo está impulsando una reintegración de la actividad ganadera en campos agrícolas de alto potencial.
En Santa Fe, incluso desde el ámbito oficial destacan que vuelve a tomar fuerza el concepto de “chacra mixta”, un modelo tradicional que combina agricultura y ganadería para mejorar la estabilidad del sistema.
Más estabilidad y menor riesgo
La vuelta de la ganadería responde, en gran parte, a la necesidad de diversificar riesgos frente a la volatilidad climática y de mercados. Incorporar hacienda permite generar ingresos más estables y aprovechar mejor los recursos del campo.
Además, se promueve una estrategia de expansión geográfica de la ganadería en zonas agrícolas clave del país, como parte de un esquema productivo más equilibrado.
Beneficios productivos y ambientales
Los sistemas mixtos mejoran la salud del suelo, permiten rotaciones más sustentables y optimizan el uso de los recursos forrajeros. También facilitan una mayor eficiencia en el uso de insumos y reducen el impacto ambiental.
Un cambio de paradigma en marcha
Especialistas coinciden en que no se trata de un fenómeno coyuntural, sino de un cambio estructural. La ganadería vuelve a ocupar un lugar estratégico dentro de los planteos agrícolas, recuperando protagonismo en el corazón productivo del país.
