Cuando se cumple un mes de que el Gobierno nacional determinara la prohibición de la exportación de carnes bovinas, en procura de forzar la baja de los precios internos, los resultados que se exhiben no pueden ser más lejanos a los esperados, y el futuro, incierto.
Con la publicación de la variación de los precios al consumidor ocurrida en el mes de mayo, y la comparación de lo sucedido con la carne frente a otros alimentos, se evidencia la inutilidad de la medida adoptada y la falta de políticas integrales que aborden el problema de la inflación que aqueja a la economía y a la sociedad argentina.
Además de las reacciones que se suscitaron por parte de los productores ganaderos y las instituciones que los representan, también se sumaron al reclamo los gobernantes de algunas provincias argentinas -con gobiernos afines al nacional- y algunos países que tenían como destino tradicional nuestras carnes.
Al respecto, hace pocos días se emitió un comunicado conjunto de la Mesa de Enlace y de los ministros de la Producción de Córdoba y de Santa Fe, en el cual se manifiesta un enérgico rechazo a la medida. En el caso de los gobiernos extranjeros, destaca el caso de Israel, al punto que la Embajadora de ese país en la Argentina, Galit Ronen, manifestó “No puede ser que cada vez que a la Argentina se le da la gana, Israel se queda sin carne. Si Argentina no nos va a vender carne de forma regular, vamos a buscar otros lugares”.
Entretanto, en el mes de mayo la faena se contrajo 12% respecto a lo ocurrido en el mes de abril, mientras que la caída fue del 17,5% si se la compara con la faena del mayo de 2020. Según los datos informados por RUCA (Registro Único de la Cadena Agroalimentaria), fue la categoría “Vacas” la que experimentó la baja más importante, al registrar el 22% menos frente a lo ocurrido en abril. Se procesaron menos hembras (46%), 1,3% menos que en el mes anterior y la caída interanual fue de 4 % (mayo 2021 vs mayo 2020).
Además, esa misma categoría fue la que registró el mayor impacto del cierre de las exportaciones, al ver derrumbado el precio percibido por el productor. Es lógico, ya que se trata de carne cuyo valor industrial y comercial tiene una demanda nacional acotada y no encontrará fácilmente su colocación.
La otras categorías también sufrieron bajas, pero siempre permanece la expectativa puesta en qué ocurrirá al vencimiento del período de 30 días que estableció originalmente el Gobierno.
Se sabe de las negociaciones establecidas por las autoridades nacionales con el conjunto de la industria frigorífica dominante del mercado, pero todavía no hay definiciones firmes y concretas sobre sus alcances. Algunas versiones sostienen que se establecería un compromiso (que algunos señalan como una imposición gubernamental) de reservar ciertos cortes que se dirijan exclusivamente al consumo doméstico, como condición indispensable para que se pueda volver a comercializar internacionalmente.
Otros países productores recibieron con alegría la decisión del Gobierno. Es que Argentina representa un competidor de peso por los bajos precios relativos y la calidad de la carne exportada. Además de los mercados muy específicos como el de Israel, el mercado de carnes de China es un destino de valor estratégico, tanto sea por el volumen que absorbe como por el tipo de carnes que prefiere, normalmente no aceptado en el país.
Debe recordarse, al respecto, que la exportación de carnes de Argentina representa el 30% del total de la producción, y que esas exportaciones generan un importante flujo de dólares para el país.
