Exhausto, aturdido y desconcertado, como esos boxeadores que tanto le gustan a Etín Ponce, el sindicato ATILRA está a punto de tirar la toalla en su conflicto con SanCor.
En la tarde de este jueves 6 de junio, en un día húmedo y caluroso, trascendió la información de una convocatoria a Asamblea Extraordinaria. En la misiva, cuya imagen acompañamos en esta nota, citan únicamente a «las y los compañeros afiliados que actualmente mantienen retención de tareas en SanCor C.U.L».
Asamblea sólo para «los propios»
Extraña manera de ejercitar la democracia en una organización sindical, haciendo un llamamiento sólo a quienes se mantuvieron en su inexplicable y férrea negativa a trabajar. Usaron para ello cualquier método, como el bloqueo, la amenaza, la toma y el sabotaje de instalaciones. Eso y también el derrame de miles de litros de leche y de productos y los aprietes a propios y extraños, como a una periodista.

Al hacer una convocatoria a «los fieles», dejan expresa y tajantemente de lado a quienes sí volvieron al trabajo («los infieles»). A esos que manifestaron verdadera dignidad personal y compromiso con lo que hacen. Esos son los verdaderos trabajadores lecheros, aunque las autoridades del gremio insistan en ningunearlos.
Como si esa manifiesta parcialidad fuera poca, en la misma convocatoria se anuncia que «la asamblea resolverá respecto de la devolución de las ayudas económicas brindadas por ATILRA a las y los afiliados de la empresa».
Sólo para «los nuestros»
Algunas consideraciones al respecto: Se habla de «las y los afiliados de la empresa». Grosero error, ¿o es un fallido? Son afiliados (o muchos lo eran, pero luego renunciaron) al gremio ATILRA. La empresa no tiene afiliados, en todo caso tiene trabajadores, empleados o colaboradores. Por otra parte, sólo un pequeño grupo de adeptos decidirá en una asamblea sobre «las ayudas» recibidas por afiliados.
Eso es una discriminación total y absoluta, ya que deja fuera de todo análisis y discusión a los potenciales afectados por una decisión que les compete. Y, además, esa frase trae implícita una verdadera «confesión de parte»: que las «ayudas» eran otorgadas a cambio de plegarse al bloqueo de las actividades empresariales, lo cual constituiría un delito (además de ser una manifiesta inmoralidad). Por supuesto, no olvidamos que si eran una «ayuda» y las «condiciones» (de otorgamiento y devolución) no fueron explicitadas en su momento, no corresponde que se reclame su devolución. Tampoco se pueden olvidar las amenazas a los díscolos, diciendo que les descontarían los aportes y que les retirarían los «beneficios» de la obra social.
El comienzo y el fin de la convocatoria a asamblea
Lo relatado hasta ahora es «lo formal» de lo expresado en la convocatoria. Lo que es realmente insólito, y que sería risueño si no fuera por lo violento, agresivo y brutal de la acción sindical emprendida contra la empresa, son la introducción y el cierre.
Al principio, en un párrafo que asombra por la desfachatez, se habla de que «…el Consejo Directivo Nacional nunca abandona su permanente vocación de diálogo y la búsqueda de consensos…». ¿En serio piensan lo que escriben? ¿Creen que alguien asentirá y aplaudirá esa afirmación? Son los mismos que tanto en el caso de SanCor, como Lácteos Vidal, Lácteos Mayol y La Lácteo (por citar sólo los más recientes) usaron cuanto recurso bajo pudieron aplicar, como «los golpes bajo el cinturón» de los boxeadores tramposos y viles. Las agresiones contra los propios afiliados, contra compañeros de trabajo, contra la comunidad completa de Sunchales (y también de las otras localidades) que veían como abusaban de la impunidad y la prepotencia como «herramientas de negociación«.
El cierre de la convocatoria merece también apreciaciones. Afirman sin titubear: «Lo expuesto echa por tierra las constantes e innumerables difamaciones pseudo periodísticas referidas a que el Sindicato supuestamente, pretendía quedarse con la empresa negándose a dialogar».
Recordamos que fueron los propios sindicalistas quienes afirmaban que los directivos de la Cooperativa debían retirarse y dejarles el lugar. Abundan las afirmaciones realizadas a lo largo del tiempo.
Contra las cuerdas y por tirar la toalla
Durante el largo período de conflicto con SanCor, ATILRA contó con apoyos de los más variados, de la política y de la economía. Se sentó en la mesa de discusión del fallido Fideicomiso, ese que nunca aportó nada de lo que había prometido. El mismo Fideicomiso que ATILRA avalaba y que tenía entre sus planes echar más de 1.000 empleados. Y los rumores contaban que entre otras promesas, estaba la de darle un lugar al sindicato en un hipotético futuro directorio.

Los políticos, acostumbrados a los juegos de las promesas y las poses para las fotos, también aportaron a esa fantasía de llegar más allá de las funciones de un sindicalista. En frases rimbombantes daban el oro y el moro, pero ya lejos de las cámaras se reían de la candidez de quienes buscaban sus apoyos.
El profundo, e inesperado para muchos, cambio político en el país hizo el resto con las aspiraciones de los máximos jerarcas sindicales. No sólo perdieron sus referentes políticos. También quienes hacían aportes económicos, entre otros las «ayudas para no trabajar» (algo que debería ser investigado judicialmente), desaparecieron. Fueron vinculados con fuentes de ingresos «turbios» ligados a la ciudad de Rosario.
Un rincón del ring que dejó de guiar
Así, sin apoyos, se profundizó la debacle que se viene gestando al interior del gremio. Es que los propios afiliados les dieron la espalda. Y peor aún, cuentan las malas lenguas que en los hogares de muchos de los más aguerridos gremialistas («los fieles») también se alzaron las voces de las esposas y los hijos por la situación a la que se veían forzados.
También se dice que en las próximas elecciones sindicales, quienes ahora son delegados (muchos de ellos denunciados penalmente en la justicia) dejarán de serlo, volviendo al llano. Y también se cuenta que se vienen aires (vientos huracanados, en realidad) de cambio, en la conducción nacional.
En resumen, ya no hay apoyo político, no hay billetera abultada de dinero de dudosa procedencia, hay una total pérdida de autoridad frente a los propios afiliados. Ya no queda nada de eso que hacía de ATILRA una organización poderosa.
Esas son las verdaderas razones por las que ATILRA está a punto de tirar la toalla. Es preferible abandonar a tiempo que sufrir un golpe que lo tire definitivamente a la lona. Como diría el reconocido comentarista Osvaldo Príncipi: «Madura el knock out».
