En el Congreso Federal Ganadero organizado en Rosario por Rosgan, dialogamos con Miguel Jairala, representante del consorcio exportador ABC. Se trata de un grupo de frigoríficos que se unen para avanzar en temas en común y que exportan su producción. La charla giró sobre distintos temas de actualidad del potencial que tiene la comercialización de la carne argentina y sus principales mercados.
Parte de la nota se puede ver a continuación, o bien leerla completa, más abajo.
¿Cuáles son los factores diferenciales que tiene Argentina para avanzar en un contexto tan dinámico?
Bueno, Argentina tiene mercados tradicionales como Europa, donde la carne se vende sola, es una marca en sí la carne argentina.
Pero todos los mercados que hoy están más desarrollándose, por decirlo de alguna forma, creciendo en su consumo con proteínas de origen animal, haciendo una transición desde la proteína vegetal a la animal, como son los de Asia, que son los más prometedores en el futuro, decir carne argentina es no decir prácticamente nada.
Se fijan el producto en sí, en las calidades que observa el importador, y en que se ajusten los requerimientos al tiempo y forma del negocio. O sea, por ejemplo, para un chino es más importante que vos tengas disponible el volumen que él necesita, en el momento que él necesita, y que cumplas con las condiciones pactadas.
Por lo cual, son mercados desafiantes y nosotros como industria llevamos años ya trabajando en el mercado chino y hemos aprendido a tratar de cumplir los tiempos de los embarques, cosa que es bastante dificultosa, porque entre que concretamos un negocio con el importador, pasan dos o tres semanas para la producción, un tiempito más en cámara, luego se carga en el puerto de Buenos Aires, y tenemos 55 días de viaje hasta el puerto de Ningbo, de Shanghai. Por lo cual, hay muchos avatares que pueden suceder, y es importante mantener la relación y ser constantes en lo que es la calidad y el cumplimiento de los contratos.
¿Qué posibilidades tiene Argentina de mantener el negocio de la «vaca China» con ese país asiático?
Bien, China es mucho más complejo que eso. El volumen en sí es vaca, o sea si vamos a ver los grandes números la mayoría del tipo de carne que se exporte, es vaca. Esa vaca va a destinada a una industrialización en China, o sea, no se vende directamente al consumidor, salvo que sean algunos casos de vacas de calidad, que las hay también.
Y después tenemos segmentos de más alto valor, que son las integraciones de los mismos novillos que van a Unión Europea, hay cortes que van a China. Por ejemplo, en esta temporada que los rabinos de Israel se han retirado del trabajo, los frigoríficos están colocando esos cuartos delanteros de novillo, principalmente en el mercado chino. Eso no vale lo mismo que la vaca, tiene un premio de calidad, y por eso hablar de un solo mercado en China es un error.
China es un país con 1.400 millones de habitantes, más de 10 megalópolis -o sea ciudades de más de 10 millones de habitantes-, y en semejantes áreas urbanas, como hay una base de gente trabajadora con ingresos medios, hay una punta de la pirámide que siempre tiene un mayor poder adquisitivo, y cuando pensamos en mercados tan grandes, de tan amplia población, no es menor pensar que pueda haber en cada una de esas ciudades 1.000 millonarios dispuestos a pagar un precio incluso más alto que el que pagan los europeos o los estadounidenses.
¿Qué expectativa hay sobre el desarrollo del negocio ante la reducción del stock y la faena de hembras jóvenes en Argentina?
Nosotros como consorcio exportador tenemos una muy baja participación en el segmento de hembras jóvenes. Sí en machos jóvenes, porque la tecnología de engorde a corral permite con machos de menos de dos años de edad obtener kilos de un negocio de exportación.
Podemos hacer novillos de 500 kilos con animales de 24 meses o menos, por lo cual la edad se ha vuelto un poco menos irrelevante en machos que antes, pero sí, encontramos dificultades en momento puntuales para lo que es el abastecimiento de hacienda y sabemos que si bien las condiciones económicas han cambiado, la inflación está en baja.
Tenemos que tener en cuenta que venimos de un año que afectó notablemente los sistemas productivos, como fueron las dos sequías consecutivas de 2022 y 2023, que la recuperación va a llevar tiempo, pero creemos que las señales de mercado están dadas para que el productor a nivel de cría sea más eficiente, produzca más terneros por vaca, destete terneros más pesados, siempre y cuando tenga con que alimentarlos, o sea que las condiciones climáticas lo ayuden. Y nosotros como industria tenemos que trabajar en conjunto con lo que son los engordadores, o sea los intensivos, que son los que mayoritariamente nos proveen de hacienda, para hacer dietas balanceadas que permitan llegar a kilajes de exportación sin engrasamiento excesivo de las reses.
¿La calidad de los animales es la requerida, la ideal o es necesario mejorar la calidad de los animales que se faenan?
Es variable, hay de todo. Lo que más se vio últimamente son excesos de grasa y eso es por ahí una permanencia excesiva, sobre todo de hembras, en sistemas de engorde a corral, que por ahí es un manejo más optimo que el que se está pidiendo.
Pero la calidad es variable, porque el bovino es un ser vivo, que está criado en condiciones naturales, a cielo abierto, por lo cual un año si tiene excesos de calor lo va a sufrir, si tiene excesos de lluvia lo va a sufrir, si tiene faltas también lo va a sufrir. Por lo cual hablar de que algo va a ser parejo año a año es difícil. Es más parecido por ahí a un vino que a un tornillo de una fábrica.
