Desde el comienzo de su gestión, el desempeño del ahora ex-secretario de Bioeconomía Fernando Villella fue duramente cuestionado. Su visión no era compartida por buena parte del sector agropecuario y carecía de apoyos políticos suficientes para mantenerse en el cargo.
Con una extendida carrera en el ámbito académico, al punto de desempeñarse como decano de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, y de impulsar el concepto de la bioeconomía en los ámbitos de discusión sobre el futuro de la producción y transformación de los productos agropecuarios, se conoció este 10 de julio el reemplazo de Fenando Vilella como máximo responsable de las políticas agropecuarias gubernamentales de la Nación. En su lugar el designado es Sergio Iraeta. Lo seguía en orden de importancia, pero no necesariamente comparte su mirada. Ya se tomó la decisión de volver a la vieja denominación de Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca.
Los cuestionamientos a Vilella
Varios son los temas que desde el sector agropecuario se le reprochan a Vilella. Algunos señalan una mirada elitista; otros, excesos de academicismo y «falta de barro». Hay quienes lo responsabilizan de superficialidad y falta de realismo por su defensa de la denominada «Agenda 2030». También, y por más que exhibe algunas realizaciones tras su corto paso como titular de la cartera agropecuaria, que no tenía la capacidad política ni el empuje para discutir temas de especial importancia para el presente y el futuro del sector. Su injerencia sobre los temas que tradicionalmente manejaba la dependencia a su cargo era ínfima, luego de sucesivos recortes que mermaron su poder.
Como reza el título de esta nota, «las botas de potro no son para cualquiera». Es un refrán campero muy conocido. Alude a que no cualquiera puede usar (o «calzarse») una prenda sólo reservada a los muy duchos en el arte de la doma, más allá de las aspiraciones que se tengan.
Lo concreto es que habrá que esperar para ver qué impronta tendrá ahora la máxima autoridad en el área para impulsar cambios reales que acompañen e impulsen el desarrollo sectorial, que son muchos y urgentes, en todas las competencias que se le asignan.
